Vivimos en ciudades caóticas. Nuestras vidas parecen ir al ritmo de la inmediatez. Pero en medio de las grandes urbes, aún sobreviven espacios verdes de bienestar. Nos sentamos en el parque y vemos como el viento acaricia nuestro rostro y mueve las hojas apaciblemente. Caminamos por los senderos y admiramos las plantas que nos rodean. Nos envuelven sus aromas. Pero… Un momento ¿Realmente los hacemos o sólo es una visión idílica de lo que no vivimos?