¡Alerta por la extinción de las experiencias en la naturaleza!

Vemos a niños jugar en piscinas de pelotas, otros pequeños se entretienen con las aplicaciones de teléfonos móviles, algunos hermanos corretean al interior de una casa…

En la historia de la humanidad, nunca antes los niños habían tenido menos contacto con la naturaleza como en la actualidad. De hecho, existen estadísticas claras que demuestran que los niños pasan ahora menos tiempo jugando al aire libre y explorando la naturaleza, comparado con lo que hacían generaciones anteriores. Y es justamente a ese fenómeno que involucra la falta de contacto directo con la naturaleza al que el Doctor Pyle, hace más de 40 años, denominó como la “extinción de las experiencias”.

La importancia de las experiencias en la naturaleza desde la niñez.

Recientemente, el Dr. Masashi Soga y sus colegas, con base en las ideas del Dr. Pyle, publicaron una investigación en la que tenían como objetivo encontrar si la pérdida de interacciones de las personas con la naturaleza estaba relacionada con una pobre apreciación del mundo natural. Para ello, los investigadores entrevistaron a 225 estudiantes en Tokio, obteniendo como resultado que el contacto frecuente con la naturaleza en la niñez estaba positivamente relacionado con la conexión emocional con la misma y con las percepciones de los estudiantes sobre la naturaleza de sus vecindarios.

experiencias en la naturaleza
Personas disfrutando de experiencias en la naturaleza. Ruta de La Vida del Río Muerto (Murcia)

Los investigadores sugieren que dada la rápida disminución en el contacto diario de los niños con la naturaleza, es probable que la apreciación pública del valor del mundo natural también disminuya gradualmente. Este hallazgo pone de manifiesto los grandes obstáculos que impone la vida moderna cada vez más tecnificada para afrontar las problemáticas ambientales globales. En este sentido, la conexión de las personas con la naturaleza no solo debería ser una decisión personal, sino que tendría que ser parte de las políticas públicas que van ligadas a la conservación de nuestros recursos naturales y los ecosistemas que los albergan.

¿Cuándo fue tu último contacto con la naturaleza? ¿Cuánto disfrutas en familia de los espacios naturales?

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Diana Carolina Acosta Rojas
Diana Carolina Acosta Rojas

Comentarios

Roberto Robles
30 octubre, 2017
Hola de nuevo. Sin dejar de estar completamente de acuerdo con el hecho de que los niños (y en general todos los humanos) deberían pasar mayor tiempo en contacto con la naturaleza, me parece bastante pobre que el doctor Soga tenga que recurrir a una mera estadística para realizar dicha afirmación (lo siento, soy matemático profesional y le tengo un excesivo respeto, tirando a pavor, de las deducciones basadas en estadísticas. Ya lo dijo Mark Twain: hay tres tipos de mentiras: las grandes mentiras, las mentiras piadosas y las estadísticas). Siendo un completo profano en estos asuntos me atrevo a preguntar: ¿no existen datos científicos, al margen de las respuestas que hayan dado 225 personas (que tampoco me parece un tamaño de muestra suficiente como para generalizar una conclusión), con los que poder sustentar esta afirmación? Si el caprichoso azar hubiese querido que la mitad de esos estudiantes hubieran tenido en su niñez alguna experiencia con la naturaleza negativa con ciertos toques de traumatismo, ¿qué conclusiones disparatadas se hubieran podido sacar de este estudio? De los escasos recuerdos de mis estudios colegiales que no se han convertido en agujeros negros rememoro una afirmación de mi maestra de ciencias que afirmaba que las plantas durante el día liberaban oxígeno pero por la noche CO2, por lo que el contacto con ellas era positivo en horas de luz pero poco recomendable en rachas nocturnas. Imagino que habrá suficientes datos de este tipo como para poder defender las afirmaciones del supuesto estudio manteniendo al margen de la calzada ese temido concepto de estadísticas. Lo siento por el señor Soga pero espero mucho más de alguien cuyo apellido viene precedido de la palabra doctor.
Diana Carolina Acosta Rojas
14 noviembre, 2017
Hola Roberto, Detrás de las conclusiones de una investigación, siempre hay que ser muy críticos con los métodos que se utilizan para llegar a ellas. En este sentido, concuerdo con que el tamaño de la muestra del estudio del Dr. Soga ha sido reducido. En cuanto al uso de encuestas en vez de mediciones fisiológicas directas, parece que es una tendencia actual en este tipo de investigaciones en las que se pretenden medir los servicios ecosistémicos que brindan las plantas. Es posible que esto ocurra debido a que existen estudios más antiguos donde efectivamente se han puesto a prueba los efectos de las plantas sobre el bienestar de las personas, en contextos experimentales que incluyen el monitoreo de variables.
Carlos Perles Fernández
11 noviembre, 2017
Estadísticas a parte, lo que si es un hecho para todos los que hemos trabajado o trabajamos con niños es su desconocimiento de la fauna local, de la flora ya ni hablemos. Es el conocido como efecto Disney, elefantes, jirafas y leones muy bien, pero muchos de ellos no sabrían distinguir un zorro de un lince. Y no hablo de estadísticas sino de la propia experiencia de actividades con cientos de niños. Si no se conoce no se aprecia. Por tanto un paso fundamental para la conservación de la naturaleza es la lucha contra este efecto Disney, que aunque tenga un nombre que nos resulta simpático tiene repercusiones muy graves. Si les preguntamos a niños y adultos por especies en peligro probablemente oiremos nombrar al tigre, elefante, las ballenas...Nunca nos dirán el lince ibérico, uno de los mamíferos mas amenazados del mundo; el águila imperial ibérica nuestro endemismo más emblemático y por descontado no sabrán que las aguas canarias o las del estrecho son uno de los mejores sitios del mundo para ver ballenas. Comparto la opinión de que el estudio del doctor Soga es un poco flojo en cuanto al método pero las conclusiones las veo a diario en mi trabajo, así que muy errada tampoco estará la estadística en este caso.
Diana Carolina Acosta Rojas
14 noviembre, 2017
Hola Carlos, Desafortunadamente, el efecto Disney se encuentra ampliamente difundido en los escenarios y productos dirigidos a la infancia, incluyendo algunas iniciativas que acercan a los niños y a sus familias con la naturaleza. Tal vez es hora de aprender sobre cómo este efecto se ha popularizado, y de esta manera promocionar el conocimiento de nuestra fauna y flora local.

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