Ver a un niño cuidar o sembrar una planta es una de las imágenes mas cargadas de sentido que puede haber. Como mínimo, es alegría, y tirando de ese hilo puede ser futuro, embrión de responsabilidad, aprendizaje, esperanza y otras muchas cosas. Por eso nos parece que la mejor manera de empezar las actividades de responsabilidad social de Turismo Botánico era con una plantación con familias. Escogimos uno de nuestros paisajes de hogar, aquellos que forman parte de nuestra memoria visual y sentimental, ya sean estos en Murcia, la Sierra de Alcaraz o la Marina alicantina. Esta vez le tocó al Parque Regional del Valle y Carrascoy. Y para darle mas sentido a la cosa, llamamos para que nos ayudaran (o para ayudarles) a unos 20 niños y 20 padres de Sangonera La Verde, porque nada mejor que mancharse las manos en el bosque de uno mismo, el que limpia el aire de tu barrio.

Llegan las plantitas

Aprender con las manos

Forestar, o reforestar, no es solo poner una planta en tierra. Es descubrir, a golpe de azada, los esfuerzos que tendrá que hacer la tierna raíz para abrirse paso en la vida, es palpar con las manos la sequedad y el milagro del sustrato mediterráneo, es olvidarse de que se te sube por la espalda la hormiga, se te posa la avispilla o te ronda el escarabajo diminuto que ayudarán después a remover el terreno o el polen de los nuevos habitantes del bosque. Es comprender que el bosque es también eso, y que cada planta tiene un lugar en el mosaico. En este caso, fueron plantones de tomillo, especialista de los lugares secos y soleados, para los que hubo que sudar un poco en la tarea; romeros, mas amigos de la cercanía de los pinos carrascos; palmitos, disfrutones de la compañía de otros arbustos a los que enriquecen con su vitola de (casi) única palmera genuinamente europea, y baladres, a los que se reservó el espacio de las pequeñas torrenteras, donde se sienten en casa. Si los niños y padres que nos acompañaron sintieran la pulsión de subir a visitar a sus ahijados dentro de unos meses, sería perfecto, pero, al menos, sabemos que algo ha arraigado seguro: el aprendizaje hecho con las manos.

Con todo el mimo

Enraizando

En este caso, todos aquellos que regularmente venís a las actividades de Turismo Botánico pusisteis, quizá sin saberlo, el transporte en bus y los monitores y guías, que también lo fuimos un poco en un breve paseo por el Valle Perdido. Todo gracias al porcentaje de nuestras propuestas que destinamos a nuestra recién estrenada obra social. El Ayuntamiento de Murcia puso la planta indispensable y a las trabajadoras en el Plan de Actividades Infantiles, que capitanearon con ganas a las distintas cuadrillas. Los trabajadores del Parque Regional pusieron su conocimiento del lugar y las herramientas.

Una nueva oportunidad para el bosque

Algunas de las familias participantes están en riesgo de exclusión social, lo que nos enorgullece todavía mas, al darnos la posibilidad de ofrecer este tipo de propuestas a niños a los que, en ocasiones, les resultan lejanas. La cuenta de la obra social de Turismo Botánico sigue creciendo, con muchas ideas bullendo por salir a acercar el mundo de las plantas y la biodiversidad a todos, sin condiciones de ningún tipo. ¿Hay alguna en tu cabeza?. La escuchamos: contacto@turismobotanico.es.


Los sucesivos cañones del río Mundo y el Segura, casi paralelos a lo largo de la sierra de Albacete, son un doble foso que separan una misma comarca de montaña, cosida y descosida por estas dos fracturas terrestres. Ambos fueron frontera entre reinos musulmanes y cristianos durante años, hasta que los límites entre ambos quedaron establecidos un poco mas al sur, en el limite con Granada. Después, en torno al río Mundo se dibujaron los dominios de la ciudad de Alcaraz, mas “manchegos” y, en torno al Segura, los de la poderosa Orden de Santiago, religiosa y guerrera, mas “murcianos”. Ambos son hoy escenario de otra guerra, la de la desertificación que avanza hacia el norte y que, no sabemos por cuanto tiempo, gana la Sierra.

Cañón del Segura
El Cañón del Segura desde La Longuera

Un pueblo-manantial

El antiguo camino que atraviesa el Cañón del Segura entre Letur y Elche de la Sierra ya es uno de los recorridos habituales de Turismo Botánico, porque tiene de todo lo que nos gusta, aquello que habla de una buena relación de los humanos con la Naturaleza. En primer lugar, el aprovechamiento de las aguas que rezuman de Letur, un pueblo-manantial, una esponja de piedra en la que los musulmanes tallaron una red de acequias que abraza la villa. Pura vida que se derrama por la piscina natural de Las Canales o el Charco Pataco, entre otros lugares, por uno de los cascos antiguos moriscos mejor conservados de España.

Panorámica de Letur
Letur

Frutos antiguos

El valle del Arroyo de Letur, que desemboca en el Segura, nos muestra un paisaje cultivado de un enorme valor. La belleza de los campos mediterráneos cultivados, los árboles de «provecho», los almendros, los olivos y aquellas especies olvidadas, frutales antiguos como el serbal, los acerolos o los azufaifos, de los que aún quedan algunos, sembrados quizás, y perdidos, por las mismas tribus del norte de África que se instalaron aquí hace mas de 1 300 años.

Valle de Letur
Valle de Letur

Las aguas, que vienen desde los Calares de Incol y del Cerezo, siguen su camino, valle abajo, hasta la estrecha garganta que salva la Sierra del Regalí. Podríamos haberla franqueado por lo alto, para bajar al Segura por la Senda del Caracol, despacito y serpenteando de un lado a otro, como estos moluscos, pero nuestro camino es el mismo que el del agua, que nos brinda rincones como la cascada de Los Pradillos, un espacio tan bonito que ya nadie se acuerda que no es de origen natural, sino la presa, tomada por la naturaleza, que servía a una pequeña central eléctrica. Algo mas arriba, el agua fue utilizada para mover la maquinaria de las fábricas de papel de Letur, a partir del siglo XVIII.

Jacobeo serrano

Nuestro camino es Camino Santiaguista, el que unía las Encomiendas de la Orden de Santiago de esta gran comarca natural de montaña entre las sierras de Murcia, Jaén y el sur de Albacete, hasta La Mancha y Uclés, donde está su castillo convento, apenas a cien kilómetros de Madrid.

No es demasiado imaginar que este fuera también Camino de Santiago desde Cartagena, pasando, además, por Caravaca de la Cruz, con lo que se unirían a pie los dos principales puntos de peregrinación de España. Fuera como fuera, el paisaje es el mismo que vieron los soldados, peregrinos, mendigos, arrieros o labradores de la Edad Media.

Cascada de Letur
Cascada de Los Pradillos

Al final, abandonamos ese antiquísimo camino, seducidos por el cañón del río Segura, Zona de Especial Conservación de la Red Natura 2000, de especial protección para las aves rapaces que anidan en sus canteros, especialmente la amenazadísima águila perdicera. El pinar se cierra y se vuelve frondoso y mágico, enmarañado por las zarzaparrillas, y nos conduce a dos ecoaldeas en las que no extraña que hayan buscado refugio algunas gentes que tratan de encontrarse con el equilibrio de estos paisajes.

¿Podría ser La Longuera uno de los paisajes agrícolas más bonitos del Sureste?. Como mínimo, ostenta el título de cultivar los arrozales a mayor altitud de Europa, de forma ecológica.

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Si bien es cierto que nuestra cooperativa se llama Turismo Botánico, no es menos cierto que las plantas son la «excusa» perfecta para poder hablar de toda la naturaleza de un lugar. Los pasados días 25, 26 y 27 de Enero, aprovechando la festividad de Santo Tomás de Aquino, nos fuimos a conocer esas zonas espectaculares que la provincia de Málaga tiene en su interior, y en las que las rocas son las protagonistas, pero las plantas también juegan un papel primordial. El Caminito del Rey y el Torcal de Antequera nos esperaban.

El paseo por el Caminito del Rey fue un espectáculo.
El paseo por el Caminito del Rey fue un espectáculo.

Empezamos por la Laguna de Fuente Piedra.

En un principio, esta laguna iba a ser la protagonista en el último día de nuestra escapada, pero debido a la mala previsión meteorológica, decidimos dejar el Torcal para el último día y visitar la laguna este primer día.

Una de las lagunas endorréicas más grandes de Europa delante nuestra. Si bien es cierto que el tiempo no acompañaba, igualmente tuvimos la suerte de poder observar una gran cantidad de aves. Entre ellos, los famosos flamencos de Fuente Piedra que estuvieron un poco tímidos, pero que pudimos ver a la distancia. Un añadido que tiene este espacio es que su centro de visitantes es super completo, por lo que al menos esta parte si que la pudimos disfrutar sin mal tiempo.

Paseo por la laguna de Fuente Piedra.
Paseo por la laguna de Fuente Piedra.

Ese mismo día por la tarde, tocaba conocer el pueblo de Antequera. La verdad es que ya nos ha pasado otras veces, y es que los pueblos cambian mucho cuando se visitan de noche, y la iluminación hace que todo parezca diferente. Como dos pueblos diferentes.

Visita nocturna a Antequera.
Visita nocturna a Antequera.

El Caminito del Rey y los dólmenes de Antequera.

El segundo día de nuestra escapada era el que teníamos para recorrer el famoso Caminito del Rey. Pero antes de eso, tuvimos tiempo para poder disfrutar de otros de los elementos de valor que la ciudad de Antequera tiene para ofrecernos.

Construcciones muuuy antiguas que uno se pone a pensarlo en cómo lo hicieron. La verdad es que el lugar es espectacular, y solamente pensar en la metodología para mover tales moles de piedra es ya un ejercicio de imaginación impresionante. Pero además, al descubrirlo, al saber que nada estaba puesto al azar, la imaginación ya se desborda. Estar dentro disfrutando de estos dólmenes es altamente recomendable y así lo hicimos.

Los dólmenes de Antequera en todo su apogeo.

Y llegó el momento. El Caminito del Rey ante nosotros. El cañón excavado por el río Guadalhorce que una vez se vió como la única vía para que el tren pudiera atravesar el macizo malagueño central, iba a guiar nuestros pasos en los próximos kilómetros. Las paredes de piedra vertical que antaño eran recorridas por una pasarela de lo más peligrosa (para los más aventureros), hoy en día se han convertido en una atracción turística visitada por muchas personas sin necesidad de estar preparado físicamente. Y es que, aunque el riesgo del caminito del rey actual sea menor, no le quita espectacularidad y algo de adrenalina.

Podríamos hablar de las plantas que ibamos viendo, pero con sinceridad, ante tal paisaje, no era fácil focalizar nuestra vista más que en el gran desfiladero y nuestro oido más que en el sonido feroz del agua que corría a varias decenas de metros bajo nuestros pies.

El último puente colgante que vaticina el final del sendero del Caminito del Rey.
El último puente colgante que vaticina el final del sendero del Caminito del Rey.

Una vez terminado el Caminito del Rey, ya solo quedaba reponer fuerzas y disfrutar de los paisajes malagueños que el atardecer nos brindaba mientras que volvíamos de camino a nuestro hotel.

El Torcal de Antequera y su paisaje extraterrestre.

Y nuestro último día de la escapada llegó. Este debía haber sido el aperitivo del viaje, pero las condiciones meteorológicas nos obligaron a dejarlo de postre. Pero qué postre… El Torcal de Antequera nos esperaba para descubrirlo por la vertiente menos visitada. Todo un lujo.

Durante unos 5 kms pudimos recorrer los paisajes de piedra que el tiempo caprichosamente ha ido esculpiendo. Mientras que caminabamos, como si de nubes se tratase, ibamos adivinando a que se parecía esta roca o aquella otra. Y en los resquicios entre roca, ahí estaba la vegetación superviviente en un lugar de apariencia hostil, pero que ha albergado la presencia de flora, fauna y seres humanos desde hace mucho tiempo.

Alguna de las vistas que se gasta el Torcal de Antequera.
Alguna de las vistas que se gasta el Torcal de Antequera.

Al terminar nuestro viaje, regresamos acongojados por la impotente presencia de las rocas, con el Caminito del Rey en la memoria, y con las piedras sobre piedras del Torcal de Antequera todavía en la retina. Sin duda, un viaje que volveremos a repetir. 

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Cuando uno oye hablar de la isla de Ibiza, se le viene a la cabeza el ocio, la fiesta y posiblemente los excesos. Pero lo que no se suele saber es que Ibiza alberga una naturaleza 100% mediterránea no tan conocida pero digna de elogiar, disfrutar y visitar. Y eso hicimos el pasado puente de Diciembre (del 6 al 9 de Diciembre). Os voy a contar como nos fue.

Caminando hacia el faro de Portinaxt
Caminando hacia el faro de Portinaxt.

EL PUNTO MÁS NORTEÑO DE IBIZA

Saliendo de Portinaxt tenemos un sendero costero que recorre la zona más al norte de la isla. El Mediterráneo con su variedad de azules nos acompaña en todo momento. La senda transcurre entre matorrales de Sabina y Lentisco. La orografía del terreno dificulta en ciertos momentos el recorrido pero en realidad no hace más que aportar diferencias microclimaticas que heterogeneizan nuestra ruta.

Tras pasar el faro y varias calas (con sus bajadas y subidas), nos despedimos del Mediterráneo para volver al punto de inicio por una zona boscosa.

Aspecto de la costa en la parte más norteña de la isla de Ibiza
Aspecto de la costa en la parte más norteña de la isla de Ibiza.

Por la tarde nos desplazamos a la ciudad de Ibiza para hacer un recorrido turístico por la Dalt Villa. Aquí he de sincerarme. Si creéis que ya habéis visitado la ciudad pero lo habéis hecho en verano, no tenéis que dejar de visitarla en invierno. Es otra ciudad muy diferente y para mi, con mucho más encanto.

Vista de la Dalt Villa de Ibiza durante nuestra visita nocturna
Vista de la Dalt Villa de Ibiza durante nuestra visita nocturna.

LAS PUERTAS DEL CIELO

Al noroeste de la isla de Ibiza se encuentra la población de Santa Agnes de la Corona. Este nombre viene dado porque se encuentra rodeada de una corona de montañas. Es en una de ellas donde se encuentran las puertas del cielo y en busca de ellas que fuimos.

La primera parte de la ruta estaba dominada por los cultivos, muchos de ellos tradicionales, de la isla de Ibiza. En esta parte alucinamos con la presencia de un olivo milenario que si pudiera hablar, sería capaz de hablarnos de musulmanes y hasta de romanos.

En cuanto entramos en el bosque ya empezamos a dislumbrar la costa nuevamente. Tras varias entradas y salidas para ver el mar, a lo lejos ya se pueden divisar las puertas del cielo. Unas formaciones geológicas desde las cuales se puede tener una de las mejores vistas de la isla de Ibiza. Mientras que llegábamos, las islas margaridas nos sorprendían con sus caprichosas formas. Y al fin, pudimos corroborar la belleza de las vistas desde este icónico punto de la isla de Ibiza. Una imagen vale más que mil palabras ¿no? 

Paisajes que recorrimos en nuestra búsqueda de las puertas del cielo.
Paisajes que recorrimos en nuestra búsqueda de las puertas del cielo.

Después de comer hicimos un recorrido en coche por el valle de Es Broll. Y ciertamente fue una grata sorpresa que recomiendo encarecidamente.

Este rincón de las huertas de Es Broll de Ibiza es más que recomendable
Este rincón de las huertas de Es Broll de Ibiza es más que recomendable.

SES SALINES DE IBIZA

Y nuestro último día nos llevó a pasear por el sur de la isla. Una vuelta a las salinas de Ibiza que comenzó recorriendo un paisaje costero con vistas a Formentera que se culminó cuando llegamos a la Torre de ses Portes. Una imponente torre vigía del siglo XVII que mantuvo a raya a enemigos y piratas.

La vuelta hacia el bus la hicimos bordeando las salinas. Los flamencos y otras especies de aves limícolas nos amenizaron el paseo antes de dar por finiquitado nuestro viaje y regresar a la Península.

Los paisajes costeros y salineros de Ibiza pusieron la guinda final del viaje.
Los paisajes costeros y salineros de Ibiza pusieron la guinda final del viaje.

Resumiendo, montamos este viaje a Ibiza con una doble intención. Por un lado disfrutar de la isla de Ibiza, y por otro lado romper los estereotipos y dar a conocer la parte natural de esta isla que es un auténtico paraíso. 

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El Cabo de Gata es uno de esos lugares en los que uno siente haber viajado mucho más lejos, en el espacio y en el tiempo. Además, pese a esa sensación de lejanía, uno se siente a la vez extrañamente cómodo, en paz. Como es uno de nuestros lugares favoritos, lo elegimos como uno de nuestros viajes de inicio de la temporada. 

Para no perder tiempo, empezamos directamente por dos de las postales de la zona: las playas de Los Genoveses y Monsul. En esta última, olas de roca oscura se enfrentan a las olas vivas de un mar protegido. 

En la Playa de Monsul

El Cabo «negro»

Nos esperaba un recorrido por la costa «negra» del Parque Natural, allí donde se hace más patente el vulcanismo que vivió aquí el mar hace siete millones de años. Flujos de lava en forma de columna, cavidades dejadas por el enfriamiento rápido del magma y antiguas arenas y cantos que cayeron encima. En sus resquicios, endemismos botánicos exclusivos de la zona, como el dragoncillo del Cabo y otros muchos compartidos con costa africana. Almorzamos en la Cala Carbón y terminamos la tarde en el Faro del Cabo, con vistas al Arrecife de Las Sirenas y una preciosa puesta de sol. Todavía tuvimos unos minutos para ver los flamencos y la iglesia de las Salinas. 

Iglesia de las Salinas del Cabo de Gata

El Cabo «blanco»

Sin salir del descarnado paisaje del Parque Natural, al día siguiente el paisaje ganó luz. Las lavas se volvieron cenizas, y la ceniza arena blanca que hace turquesa el agua de las calas entre Agua Amarga y Las Negras: la de Enmedio, la del Plomo y la de San Pedro. El sendero entre estas tres mellizas es algo exigente, pero compensa de sobra la belleza del mar y las vistas desde uno de los acantilados más altos de la costa mediterránea, sólo superado por 15 metros por la Punta de La Polacra, con 265 metros de caída. San Pedro, con sus pequeños huertos y casas revividas por las gentes libres que allí viven, alrededor de su castillo y un insólito manantial, sigue siendo refugio de piratas. 

Los acantilados de ceniza de la Cala de Enmedio

De castillo a castillo, de entre las muchas fortificaciones que puntean la línea marina en el Cabo, forzamos que el anochecer nos cogiera en Los Escullos, donde las rocas de su duna fósil son como un trabajo de encaje dorado. 

El desierto y la joya de la corona

Una vez conocidas las distintas facetas de la costa del Levante almeriense, para el último día dejamos el interior, pero no sólo de los espacios abiertos, sino de la misma Tierra. Las gigantescas ramblas del Desierto de Tabernas sobrecogen, tanto por su sobriedad vegetal, como por sus dimensiones. Caminamos por lo que fue el fondo del mar, donde todavía se encuentran, de tiempo en tiempo, fósiles de ostras y otros bivalvos que lo corroboran. 

Los escenarios del Spaguetti Western

En este lugar se rodaron cientos de películas del Oeste, y todavía quedan los restos de aquella fiebre del oro figurada en decenas de escenarios medio hundidos, algunos reconstruidos para la visita turística. Nosotros empezamos por Fort Condor, entre los primeros, donde la ruina no hace sino incrementar esa sensación de ficción. 

Para coronar el viaje, solo faltaba engarzar la última joya almeriense, la Geoda Gigante de Pulpí, enterrada a más de 50 metros de profundidad, cerca de San Juan de Los Terreros. Es la mayor visitable del mundo y la segunda por sus dimensiones.

La metáfora perfecta de una tierra que esconde tantísima belleza.

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Existen muchos lugares donde el otoño viste los paisajes con sus tonos de amarillos y naranjas. Pero posiblemente algunos de los más bonitos los podemos encontrar en la Serranía Baja de Cuenca. El pasado fin de semana del 19 y 20 de Octubre, tuvimos la oportunidad de viajar con un grupo por los Monumentos naturales de Cuenca. Os queremos contar como nos fue :).

Las hileras de las plantaciones de chopos nos hacían pensar que el otoño iba a ser más que bonito.
Las hileras de las plantaciones de chopos nos hacían pensar que el otoño iba a ser más que bonito.

Las Chorreras del Cabriel, las chorreras de la Serranía Baja de Cuenca.

Comenzamos fuerte. Llegando a la población de Enguídanos, nos encontramos con un río que se ha empeñado en crear paisajes de lo más bellos con el paso de los años. Su efecto erosivo ha persuadido en el tiempo y ha permitido que en la actualidad nos podamos encontrar un paisaje repleto de cascadas, rápidos y piedras por las que resbala el agua como si estuviera chorreando.

Y si, bordear el río Cabriel nos sumerge en un otoño incipiente que pasa desapercibido debido a la espectacularidad del paisaje. Sinceramente, con ese agua cayendo y buscándose paso, no era fácil fijarse en amarillos otoñales. Pero no pasa nada, tendríamos tiempo para ello.

Las Chorreras del Cabriel nos sorprendieron con su aspecto. Un lujazo para la vista.
Las Chorreras del Cabriel nos sorprendieron con su aspecto. Un lujazo para la vista.

Mientras tanto, continuamos remontando el río. La senda se estrecha, pero en todo momento está clara. Imaginamos la muchedumbre que tiene que acinarse en estas aguas en verano, pero disfrutamos de que el lugar estaba casi para nosotr@s. Una vez cruzamos el río, comenzamos su descenso por el margen izquierdo. Una senda que nos llevará al pueblo de Enguídanos recorriendo las vegas del río que antaño tuvieron que estar pobladas de cultivos y a merced de las crecidas del río.

Y poco a poco, el sendero nos va permitiendo divisar el pueblo, con su castillo y sus casas encaramadas en la ladera. Un enclave estratégico en el que renovamos fuerzas en uno de los pocos bares que estaban abiertos.

Las Lagunas de Cañada del Hoyo.

Después de comer, nos acercamos a la población del Reillo, donde teníamos nuestra base de operaciones. Y estando tan cerca de estas lagunas, ¿cómo no íbamos a acercarnos a verlas? Pues ese fue nuestro siguiente destino.

Depresiones en el terreno que se han llenado de agua y que nos dan la sensación de que el suelo se hubiera hundido. La verdad es que son oquedades inesperadas porque viendo el paisaje de lejos, nada hace pensar que ese fuera a ser el resultante.

Las misteriosas lagunas de Cañada del Hoyo de la Serranía Baja de Cuenca.
Las misteriosas lagunas de Cañada del Hoyo de la Serranía Baja de Cuenca.

Además, lagunas que no están desprovistas de leyendas e historias. Allá que fuimos a contarlas, a tocar el agua de las lagunas y a respirar su aire antes de ir a Carboneras de Guadazaón para cenar.

La pequeña Ciudad Encantada de la Serranía Baja de Cuenca. Las Corbeteras.

Comienza nuestro segundo día. Supongo que son muchas las personas que han visitado la preciosa ciudad encantada de Cuenca, ¿verdad? Bueno, pues nosotros tuvimos la oportunidad de conocer el paso histórico anterior a la ciudad encantada. Es decir, el aspecto que debió tener este sitio unos millones de años antes como lo conocemos en la actualidad.

Las Corbeteras de las Serranía Baja de Cuenca siempre sorprenden.
Las Corbeteras de las Serranía Baja de Cuenca siempre sorprenden.

Nuestra senda comienza subiendo de manera leve, y nos enseña ante nuestros ojos las preciosas coberteras. Lugares modelados por el agua y ahora por el viento, y que conforman en la roca formas caprichosas que dan rienda suelta a nuestra imaginación. Estos relieves ya debieron impresionar también al ser humano prehistórico, que quiso dejar su huella en forma de pinturas rupestres.

Al continuar andando, ganamos altura para poder deleitarnos con el espectacular paisaje otoñal que el río Cabriel nos tenía preparado. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, así que dejo de escribir para que podáis centraros en lo importante.

 Así pintaba (nunca mejor dicho) el otoño en la Serranía Baja de Cuenca. Espectacular ¿no?
Así pintaba (nunca mejor dicho) el otoño en la Serranía Baja de Cuenca. Espectacular ¿no?

Y por último, antes de comernos nuestro pic-nic, tuvimos la suerte de disfrutar de un lugar privilegiado. Selva Pascuala nos abrió sus puertas y nunca mejor dicho. En este sitio se encuentra uno de los abrigos con pinturas rupestres más importantes de la Península Ibérica. Pinturas de diferentes épocas que nos dejaron imaginar como era la vida de los habitantes de la zona hace ya unos cuantos de miles de años.

El estrecho del río Verchenque.

Nuestro fin de semana tocaba a su fin, pero no sin antes disfrutar de un rincón cercano a Villar del Humo que, no por ser menos conocido, es menos impresionante. Empezamos nuestro viaje disfrutando de como la acción de los ríos sobre la naturaleza podía crear paisajes únicos. Pues bien, ante nosotr@s teníamos otro tipo de erosión que resultó en un paisaje de tipo estrecho creado por el río Verchenque.

Un paseo fácil que fue capaz de sorprender a todos los asistentes. Es un lugar más que especial que creo que todo visitante de la zona debería visitar.

El estrecho del río Verchenque. Otro de los rincones de la Serranía Baja de Cuenca.

Y con este espectáculo de la naturaleza, finalizó nuestro viaje por los monumentos naturales de Cuenca. Un fin de semana para recargar las pilas con la naturaleza como protagonista, y que seguro que repetiremos en años sucesivos.

Los pasados días 14,15, 16 y 17, llegó el momento de conocer el interior de la provincia de Lugo. Porque en Galicia es de sobra conocida su costa, sus rías, el Camino de Santiago, pero quizás hay montañas en el interior que no son tan conocidas, pero no por ello merecen menos la pena. El Caurel y los Ancares gallegos fueron nuestros objetivos, y os vamos a contar como nos fue nuestro recorrido por estos paisajes de ensueño.

Las laderas de las montañas del Caurel nos dieron la bienvenida.
Las laderas de las montañas del Caurel nos dieron la bienvenida.

El río Ladra y su tramo inhóspito.

Aterrizamos en el aeropuerto de Santiago de Compostela y para no hacer el tramo hasta el Caurel de golpe, dimos un pequeño paseo por el río Ladra, y realmente nos sorprendió mucho. La suerte es que parte de estos bosques que lindan con el río se encuentran en la actualidad bajo acuerdos de custodia del territorio (Asociación Gallega de Custodia del Territorio). Esto ha hecho que la conservación del lugar esté siendo una realidad, y eso se nota enormemente en la naturaleza del mismo.

Con este pretexto, el paseo que dimos solo pudo ser mágico, y así lo sentimos. Sin duda, unos paisajes de duendes y elfos.

El grupo adentrándose en el bosque que custodia al río Ladra.
El grupo adentrándose en el bosque que custodia al río Ladra.

Después de esta ruta idílica, llegamos a nuestro alojamiento en Paderne del Caurel. Un pueblecito con encanto que nos acompañó durante dos noches.

En el Caurel, la devesa de A Rogueira.

En el segundo día de nuestro viaje, nos tocaba conocer el lugar que nos sirvió de excusa para realizar nuestro viaje. Y no defraudó. ¿Podéis imaginar 22 bosques en uno solo? Cuando tenemos un bosque, éste coge el nombre de la especies arbórea predominante. De esta manera, lo normal es encontrar en un monte uno o dos tipos de bosques. Pero en la Devesa de a Rogueira esto nos puede pasar hasta 22 veces. En un momento los robles, en otro las hayas, después los tejos, en algún momento los castaños, y así hasta 22 especies diferentes. Esto hace que, mientras que los recorremos buscando la parte más alta, nuestra mirada divisa paisajes muy diferentes.

Los musgos cubren los árboles sin importarle que tipo de bosque sea el que predomine.
Los musgos cubren los árboles sin importarle que tipo de bosque sea el que predomine.

Comenzamos una última subida un poco más exigente pasando por la cascada de A Rogueira. Un curioso lugar donde la roca tiene dos colores muy diferenciados. Y es que en este punto es donde se unen los materiales calizos con los silíceos, y eso se traduce en dos colores muy bien marcados.

La cascada de Rogueira con sus dos colores de roca.

Y al terminar la subida, era el momento de mirar atrás. ¿Estábamos en Escocia? Bien lo parecía. Brezales que ocupaban las partes más altas de las laderas que nos acompañaron hasta que iniciamos la bajada que nos iba a llevar al bus.

La parte de arriba de Rogueira (Sierra del Caurel) nos muestra un paisaje de brezos que nos trasladará a las Highlands escocesas.
La parte de arriba de Rogueira (Sierra del Caurel) nos muestra un paisaje de brezos que nos trasladará a las Highlands escocesas.

Por la tarde, nos dimos un agradable paseo por el bonito pueblo de Seceda. Una imagen vale más que 1000 palabras, así que os dejamos una de este pueblo.

El pueblo negro de Seceda en el Caurel, con sus rústicas calles.
El pueblo negro de Seceda en el Caurel, con sus rústicas calles.

El río Pequeno, otro de los cursos que atraviesa el Caurel.

El tercer día salimos de nuestros alojamientos en Paderne del Caurel y seguimos el curso del río Pequeno. Está fue una ruta sencilla en la que el ruido del agua nos fue acompañando. Su presencia nos aseguraba encontrarnos con especies de ribera muy diferentes a las que habíamos visto el día anterior.

Muchos cursos de agua del Caurel que van a desembocar al río Pequeno muestran este frondoso aspecto.
Muchos cursos de agua del Caurel que van a desembocar al río Pequeno muestran este frondoso aspecto.

Después de comer abandonamos el Caurel y, antes de dirigirnos a nuestro próximo destino en Piornedo, en los Ancares gallegos, nos dimos un paseo por un lugar que nos dejó a todos con la boca abierta.

No sabíamos que nos estaba esperando un bosque de duendes. Los musgos han ido tapizando las grandes rocas, las cuales han formado pasillos que convierten el paseo entre ellas en algo realmente mágico.

Rocas tapizadas de musgo en Os Grobos.

Y cuando llegamos a Piornedo, nos dio tiempo a dar un paseo por el pueblo conociendo como eran las pallozas en las que vivían los lugareños de estas sierras hasta no hace mucho tiempo. Su Museo Palloza te transporta y te permite viajar en el tiempo.

Y finalizamos recorriendo los Ancares gallegos.

Nuestro último día se iniciaba con una ruta corta por los alrededores de Piornedo para descubrir el corazón de los ancares gallegos. Terminábamos de conocer los paisajes de ensueño que salpican el interior de la provincia de Lugo. Además, pudimos conocer historias locales que pusieron el colofón a nuestro viaje por el Caurel.

Último respiro del aire de los Ancanres antes de emprender nuestro camino de regreso.

Fueron 4 días para descubrir, para disfrutar y para conocer más de todas las maravillas que la naturaleza y la población local del Caurel tienen para sorprender.

En verano en el Sureste, lo cierto es que es difícil salir a la naturaleza, cuando todos los seres vivos entran en una especie de segundo letargo, distinto del invernal y limitado a las horas centrales del día. Sin embargo, el pasado 18 de agosto decidimos seguir la pista de los hombres ancestrales para escapar del calor. Como aquellos prehistóricos que poblaron la Sierra de Alcaraz hace 27 mil años, decidimos caminar cerca de los ríos y hacia las montañas, detrás de las manadas migratorias de animales que cazaban. Y al final encontramos ciervos, cabras monteses y caballos silvestres, aunque no pastando, sino sobre los muros de la Cueva del Niño de Ayna, cuyas pinturas rupestres forman parte del Patrimonio de la Humanidad del Arte Rupestre del Arco Mediterráneo.

Los paisajes que rodean la Cueva del Niño de Ayna nos invitan a viajar en el tiempo.
Los paisajes que rodean la Cueva del Niño de Ayna nos invitan a viajar en el tiempo.

La vida encajonada y la Cueva del Niño.

Los que se adentran en el Cañón del río Mundo son escasos, aunque su nacimiento y su paso por Aýna sean muy conocidos. Antiguamente, los parajes por los que el río sirve de límite entre este último, Bogarra y Molinicos, estuvieron salpicados por pequeñas aldeas y caminos de caballerías, pero lo abrupto del terreno acabó imponiéndose y los caseríos encaramados a los meandros, de hasta 500 metros de desnivel, quedaron desiertos. En uno de los barrancos que se precipitan al río, a media altura, y casi invisible hasta que no estamos a pocos metros de ella, está la Cueva del Niño.

Grupo de asistentes preparados para adentrarse en la Cueva del Niño.
Grupo de asistentes preparados para adentrarse en la Cueva del Niño.

Teníamos muchas ganas de visitar esta cavidad, tanto por sus pinturas y formaciones espeleológicas, como por su impresionante entorno natural. El Cañón hay que verlo desde arriba y desde abajo, por lo que la caminata que preparamos empezó por la Muela de San Martín, uno de los macizos que avasallan al Mundo. Empezamos con una subida, intensa pero corta, a la sombra, para después casi llanear por encima de esta pequeña meseta, hasta descubrir abajo el valle del río y sus canteros cayendo a plomo. Fue uno de los días más calurosos de agosto, pero la sombra ligera y la brisa no fallan aquí, ni el intenso olor a romero y pino, que echan el resto cuando sube la temperatura.

Y al fin llegó el momento de descubrir la cueva por dentro. Todo un espectáculo en el que emplear todos los sentidos.
Y al fin llegó el momento de descubrir la cueva por dentro. Todo un espectáculo en el que emplear todos los sentidos.

En la boca de la cueva nos recibieron una pareja de murciélagos, nada tímidos, y las gotas que, de cuando en cuando, aciertan sobre la cabeza de uno, haciendo ver que las estalactitas, estalagmitas, columnas y banderolas de la cueva siguen vivas. Las representaciones del interior están entre las más antiguas del sur de la Península, donde las pinturas del Paleolítico, las del hombre nómada que todavía no había descubierto ni la agricultura ni la ganadería, son muy raras. A la salida, la bocanada de aire cálido de la tarde nos trajo de nuevo a la era en la que ya solo quedan caballos silvestres, y otras muchas cosas, en pintura.

El baño en el Mundo.

Ya bajando hacia el río, algunas tierras de cultivo, mas abiertas, nos castigaron con un sol vertical durante unos diez minutos, lo justo para que el baño que siguió en las pozas del Mundo fuera todavía más salvaje y liberador. Comimos con los pies metidos en la corriente y después, cuando la flama de la tarde empezó a disiparse, caminamos por dentro del agua, entre paredones naranjas donde germina el rarísimo dragoncillo de roca, hasta enlazar con una de las antiguas sendas que pasaban al otro lado. Es un camino que parece mentira que todavía siga ahí, casi tragado por la naturaleza, pero tan bien trazado que, en cuanto se adivinan sus muros, se desvela como un mensaje centenario en piedra.

Deseado y merecido baño en el río Mundo una vez nuestra senda alcanzaba su fin.
Deseado y merecido baño en el río Mundo una vez nuestra senda alcanzaba su fin.

A priori todos pensarían que en Agosto no se puede disfrutar del monte, pero nada más lejos de la realidad. Pero los alrededores de Ayna nos demuestra que las posibilidades son muchas, y que disfrutar de maravillosos rincones es posible.

El pasado fin de semana del 8 al 10 de Junio coincidía con un puente festivo en la Región de Murcia. Eso nos permitió organizar un viaje para conocer el Escondite del Guadiana. Después de una primavera que por suerte tuvo bastantes episodios de lluvia, la Mancha Húmeda estaba dispuesta a hacer honor a su nombre. Teníamos 3 días para conocer los ojos del Guadiana así como muchos de los lugares naturales que esta zona de Castilla La Mancha aguarda.

Las amápolas nos dieron la bienvenida y auguraban un gran viaje.
Las amápolas nos dieron la bienvenida y auguraban un gran viaje.

Empezamos a describiros como fue el fin de semana.

Un viaje a la Roma clásica y una gran grieta.

Nuestra primera parada fue en Lezuza. Un pueblo de la provincia de Albacete que aguarda una gran sorpresa. Un yacimiento romano del que se ha podido excavar una pequeña parte y del que se han extraído ya numerosas e importantísimas piezas (algunas de ellas muy bien conservadas). Libisosa.  Disfrutar de su historia es todo un lujo, pero es que además tuvimos la suerte de que nuestra visita coincidió con las Jornadas de Recreación Histórica. Esto significó que pudimos disfrutar de como los lugareños, vestidos con los atuendos típicos de la época romana, iban explicando los modos de vida y las historias que pudieron acontecer en una ciudad como la que allí existía.

Parte de una de las representaciones llevadas a cabo por alguno de los figurantes.
Parte de una de las representaciones llevadas a cabo por alguno de los figurantes.

Para la tarde, tuvimos nuestra primera incursión en las Lagunas de Ruidera. Lo hicimos a través de una gran brecha en el territorio. La Quebrada del Toro nos sorprendió a todos con sus rincones, su inmensidad y sus subir y bajar continuo. Y por supuesto, la mejor manera de terminar el paseo era disfrutando de nuestras primeras vistas sobre las lagunas de Ruidera entre arbustos y ajos 🙂

Los asistentes disfrutando (y a vecés sufriendo un poco) del paso por la Quebrada del Toro.
Los asistentes disfrutando (y a vecés sufriendo un poco) del paso por la Quebrada del Toro.

Un pequeño Parque Nacional que es el Escondite del Guadiana.

Segundo día. El momento de adentrarnos de lleno en uno de los Parques Nacionales de la provincia de Ciudad Real. Un paraíso para los amantes de las aves (que no solo íbamos a hablar de plantas) en el que tuvimos la suerte de disfrutar con el avistamiento de una gran cantidad de especies diferentes de Aves (Malvasía Cabeciblanca, Ánades, Zampullines, etc), y también de otras especies de animales como el Galápago Europeo (Emys orbicularis). Una gran diversidad de fauna que esconde este Escondite del Guadiana. El Parque Nacional de las Tablas de Daimiel ante nosotros.

Paseando por uno de los paseos destinados a tal uso dentro del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel. El Escondite del Guadiana.
Paseando por uno de los recorridos destinados a tal uso dentro del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel.

Fue un recorrido corto pero no por ello menos intenso que otros. Un recorrido que pudimos terminar con una visita al Molino de Molemocho. Un magnífico lugar donde poder transportarnos al pasado cuando este molino era uno de los principales de la zona.

Ejemplares de Galápago Europeo (Emys orbicularis) en el Parque Nacional. Ellos también disfrutan del Escondite del Guadiana.
Ejemplares de Galápago Europeo (Emys orbicularis) en el Parque Nacional.

Tras una rica comida en Daimiel, nos fuimos a descubrir ciertos puntos estratégicos de las Lagunas de Ruidera como la impresionante Cascada del Hundimiento o las Cascadas de la Batana. Fue una grata manera de terminar nuestro segundo día de viaje. Regresamos a Munera, nuestra base de operaciones, para disfrutar de una deliciosa cena en nuestra Hospedería Bodas de Camacho y a descansar para encarar el último día.

Las lagunas de Ruidera a fondo.

Para nuestro último día del viaje teníamos programada la caminata más larga. Un recorrido que iniciamos desde la icónica Cueva de Montesinos, lugar de culto para los lectores del Quijote, pero que además tiene su importancia natural por otro tipo de motivos, comenzando con las especies que podemos encontrar tanto dentro como fuera. Seguimos nuestra ruta y, tras una breve referencia a los Apalaches, nos fuimos acercando al borde de las lagunas.

La entrada a la Cueva de los Montesinos con todos sus misterios y sus historias.
La entrada a la Cueva de los Montesinos con todos sus misterios y sus historias.

Mientras un grupo optó por el recorrido corto, pero no por ello menos bonito. Un bonito paseo por las orillas de las lagunas hasta que el bus nos recogió para llevarnos al Baño de las Mulas.

Por otro lado, la gran parte del grupo siguió por la ruta más larga donde pudo disfrutar del castillo de Rochafrida. A partir de ahí, un más que agradable paseo con vistas inmejorables de algunas de las lagunas. Paseo que nos llevó hasta el prometido y deseado baño y la comida.

Alguno de los asistentes que disfrutaron del baño. Parece que no se estaba mal :) en un Escondite del Guadiana.
Alguno de los asistentes que disfrutaron del baño. Parece que no se estaba mal 🙂

Una ruta para nada dura y repleta de vistas, rincones y naturaleza que la Mancha Húmeda tiene guardada para que podamos disfrutarla de una manera respetuosa y concienciada. Otra forma de descubrir el Escondite del Guadiana.

Vistas de las lagunas que pudimos disfrutar durante nuestra ruta del último día por la mañana. Otro Escondite del Guadiana.
Vistas de las lagunas que pudimos disfrutar durante nuestra ruta del último día por la mañana.

Así emprendimos el viaje de vuelta, cansados pero con la impresión de que habíamos conocido un lugar que, gracias a las lluvias de esta primavera, lo pudimos ver con paisajes húmedos más húmedos de lo normal.

Barcelona, la segunda ciudad más poblada de España. Centro neurálgico de la industria, la tecnología, la logística del país. Una urbe de gran importancia en el continente Europeo, y más aun en los países bañados por le Mar Mediterráneo. Estrés, llamadas telefónicas, prisas, vehículos, pero…. hasta la ciudad más ajetreada, necesita de un lugar de donde obtener los alimentos de sus pobladores. Una despensa de Barcelona que pueda surtir de alimentos a la población catalana.

Diferentes metodologías de cultivo en el Baix Llobregat.
Diferentes metodologías de cultivo en el Baix Llobregat.

El Baix Llobregat, un terreno fértil.

Cerca del aeropuerto, nos encontramos con el cauce de un río que antaño fue de vital importancia para la ciudad. El Llobregat. Tras años y años de aportar sedimentos, el río fue formando su llanura de inundación, transformando esos terrenos en un lugar de elevada fertilidad. La población catalana supo ver esa fortaleza del terreno y decidió establecer allí una de sus principales huertas de producción de alimento.

Cultivos dentro del Parc Agrari del Baix Llobregat.
Cultivos dentro del Parc Agrari del Baix Llobregat.

Así ha llegado hasta nuestros días. El Parc Agrari del Baix Llobregat se erige actualmente como uno de los motores de producción alimentaria más importantes de la ciudad condal, pero además, como una de las zonas verdes más interesantes que la rodean.

A descubrir la Despensa de Barcelona.

El pasado domingo 26 de Mayo, día electoral, allá que nos fuimos a internarnos entre huertas, cultivos y naturaleza. Un grupo familiar nos acompañó en una actividad apta para pequeños y mayores, que comenzó con un agradable paseo por las huertas. Durante el mismo, tuvimos la oportunidad de explicar el modus operandi de esta agricultura, los principales cultivos en esta época del año, e incluso los valores naturales asociados al desarrollo agrícola.

Asistentes a la actividad disfrutando de las explicaciones de Carmen.
Asistentes a la actividad disfrutando de las explicaciones de Carmen.

Y tocaba mancharnos las manos.

Pero sin duda, la parte más interactiva de la actividad es cuando al fin llegamos a la finca de Camí Natural. Los cultivos de primavera nos regalan unos bonitos paisajes agrícolas. Comenzamos haciendo un recorrido por la finca donde pudimos explicar las diferencias entre los diferentes cultivos y las diferentes maneras de cultivar. Si si, diferentes tipo de agricultura.

Una asistentes con las manos en la masa.
Una asistente con las manos en la masa.

Tras el trabajo de la tierra y la recolección de las hortalizas, que mejor manera de terminar la mañana que disfrutando de algunos de los alimentos que la tierra ha provisto, así como de un buen “pan tumaca” como bien manda la cultura catalana.

Y llegó la hora de disfrutar de algunos de los alimentos recolectados en la Despensa de Barcelona.
Y llegó la hora de disfrutar de algunos de los alimentos recolectados en la Despensa de Barcelona.

¿Os han dado ganas de hacer la actividad después de leer todo esto? En caso de que la respuesta sea afirmativa, pues podéis ver las características de la misma pinchando aquí y reservar con vuestro grupo para hacerla. Cada época del año, es diferente.