El desierto de Bledow (Bledowska). Os propongo hacer un viaje, o más bien dos. El primero es volar hasta Polonia, a un lugar no muy lejano de la ciudad de Varsovia. Y lo segundo es viajar en el tiempo hasta hace unos cuantos miles de años atrás. En aquel entonces los procesos de erosión glaciar provocaron una fuerte deposición de arenas. Esta sedimentación fue continua durante muchísimos años hasta alcanzar espesores de arena muy gruesas (hasta 40 metros de profundidad).

¿Quien dijo que los desiertos eran típicos de zonas cálidas? Veamos como ha ido evolucionando este enigmático lugar que podréis visitar en vuestro futuro viaje a Varsovia 🙂

Nota: Pido perdón si alguna palabra en polaco está mal escrita. Me resulta difícil encontrar ciertos símbolos en el teclado español.

El desierto de Bledow, que no siempre fue un desierto.

Pero aún cuando teníamos tal acumulación de arenas, con la retirada de los hielos, la temperatura en esta zona se suavizó y permitió que la vegetación comenzara a colonizar este paisaje. Las coníferas se convirtieron en las “reinas” de los bosques de lo que hoy es Europa, y el desierto de Bledow no fue una excepción. El arbolado empezó a dominar los paisajes y la biodiversidad se adaptó fácilmente a este lugar llegando a desarrollarse ecosistemas que seguro hoy en día somos incapaces de creer que podrían estar en este lugar.

Aspecto panorámico del Desierto de Bledow y sus bosques circundantes.
Aspecto panorámico del Desierto de Bledow y sus bosques circundantes.

Pero es cierto que, como muchos de los paisajes europeos, este territorio también sufrió la mano del hombre. De esta manera, entre los siglos XII y XIII toda la madera en forma de árboles comenzó a ser recolectada y la deforestación del lugar dejó al descubierto de nuevo toda la arena que se había almacenado los miles de años anteriores. A esto hay que sumarle la explotación minera (sobre todo de plata) que se comenzó a dar también. Toda una conjugación de efectos antrópicos que provocaron la pérdida del bosque y sacó a la luz al Desierto de Bledow.

En el siglo XX, todo cambió.

El siglo XX fue avanzando y tal basta extensión de territorio arenoso fue utilizado durante la Segunda  Guerra Mundial como campo de entrenamiento. De hecho, hoy en día existe una porción de terreno en la zona norte del desierto todavía es tierra militar.

Y a partir de los años 50, el ser humano quiso decidir el futuro de estas tierras y se llevaron a cabo procesos de reforestación que volvieron a transformar el desierto en un bosque en muchas zonas.

Sin embargo, hoy en día se pueden encontrar porciones de desierto de gran valor ecológico con ecosistemas meritorios de ser protegidos y que os queremos mostrar para que podáis valorar la importancia del lugar.

Cartel indicativo con los diferentes elementos de interés del Desierto de Bledow.
Cartel indicativo con los diferentes elementos de interés del Desierto de Bledow.

La biodiversidad del Desierto de Bledow.

En las zonas arenosas de Bledow se han creado con el paso del tiempo pastizales en las zonas de dunas que se encuentran como hábitat prioritario para la red Natura 2000. La mejor representación de las mismas las podemos encontrar en los alrededores del río Biale Przemsza. De hecho, la presencia de este río eleva aún más el valor ecológico del lugar aportando ecosistemas de interés por la presencia de especies animales y vegetales con diferente valor de protección.

Es justo en la zona de manantiales de este río donde, en la arenas bañadas por sus aguas limpias y claras, crece una planta endémica de Polonia y que cuenta en este espacio con una de sus mejores poblaciones. Se trata de la planta Cochleara polonica. Una plantita de pequeñas dimensiones y flores blanquecinas que apenas llama la atención, pero que eleva la importancia del lugar a un nivel superior.

Ejemplar en flor de Cochleara polonica.
Ejemplar en flor de Cochleara polonica.

Además de esta planta, el desierto posee otros elementos de interés como el Refugio Jurásico Central, unos valiosos bosques de hayas, y diferentes cuevas de origen calcáreo en las que se refugian diferentes especies de murciélagos de importancia europea.

En definitiva, el Desierto de Bledow será un lugar que no solamente os sorprenderá por el mero hecho de ser un desierto en Polonia, sino que además, si os decidís adentraros en él, descubriréis una serie de elementos naturales que seguro os van a gustar. Un mini-Sahara como lo bautizó la CNN.

Dentro de la familia de las Anacardiáceas encontramos al Lentisco (Pistacia lentiscus). Una planta eminentemente mediterránea, considerada como uno de los arbustos nobles que rodean las tierras bañadas por este mar. Un arbusto que ha convivido con el ser humano desde hace miles de años y que ha estado ligado a las diferentes culturas que con el paso de los años han poblado estas tierras. Vamos a ver un poco de su historia pasada, presente y quizás futura.

Ejemplar en fruto de lentisco (Pistacia lentiscus).
Ejemplar en fruto de lentisco (Pistacia lentiscus).

El lentisco, los fenicios y otras culturas mediterráneas.

Ya os podemos adelantar que son numerosos los usos que el lentisco ha tenido, y que posiblemente si los detalláramos todos el artículo podría alargarse mucho. Es por ello que vamos a resumir sus usos con el paso de los años.

Comenzaremos con los egipcios que consideraban a la planta, sus aromas y sus aceites como elementos místicos que fueron utilizados durante los ritos funerarios. En algunas de las cámaras mortuorias se han encontrado restos de esta planta que nos puede indicar que esta cultura tenía creencias con respecto a los productos que esta planta puede ofrecer.

Fueron los fenicios los que llevaron a cabo uno de los usos del lentisco que ha podido condicionar más la distribución de la especie y su componente genético. Entre los numerosos usos, las ramas de lentisco los utilizaban en sus transportes en barco para acolchar las vasijas y así minimizar las pérdidas durante los temporales que a menudo tenían que soportar en sus travesías por el Mediterráneo. Al final, este movimiento de ejemplares de lentisco entre el Mediterráneo oriental y el occidental estoy seguro que ha tenido que ver con el mapa genético que hoy en día presenta la especie.

La cultura griega también aprovechó algunas de las bondades que el lentisco puede dar. Vamos a destacar el valor como dentífrico en forma de chicle que su resina posee y que ya fue probado por algunas culturas mediterráneas.

Almáciga o resina de lentisco.
Almáciga o resina de lentisco.

Los frutos del lentisco.

El lentisco es un arbusto perenne dioico. Esto quiere decir que hay ejemplares que son macho y otros que son hembra, y que por lo tanto necesita de dos ejemplares de sexos diferentes cercanos para poder producir frutos viables. Estos frutos son carnosos y por lo tanto son un atrayente para su consumo por diferentes especies de fauna (sobre todo aves).

Este recurso alimenticio supone una importante fuente nutritiva ya que estos frutos contienen bastante más cantidad de energía que otros de especies con frutos carnosos como pueden ser el Espino Negro (Rhamnus lycioides) o el Espárrago Blanco (Asparagus albus). El consumo de sus frutos conforma una interesante relación mutualista en la que las aves consiguen energía mientras que contribuyen a la dispersión de las semillas del lentisco.

Petirrojo posado en una rama de lentisco listo para darse el festín. Foto: http://quienabuenarbol.blogspot.com

Tras un reciente estudio realizado en la Universidad de Murcia, se ha visto el nivel de parentesco genético entre las diferentes poblaciones de Lentisco alrededor del Mar Mediterráneo. Entre los numerosos resultados del mismo, cabe destacar que las poblaciones más parecidas son las que se encuentran coincidentes con las principales rutas migratorias de aves que atraviesan el Mediterráneo. Por lo tanto, ¿quien podrá decir que la dispersión de semillas por aves no es importante para esta especie?

Te animamos a buscar esta especie en alguno de los jardines que pueblan la costa mediterránea de la península Ibérica. Busca el más cercano aquí.

Y por desgracia, el que tuvo retuvo.

El pasado verano me sorprendió una noticia que pude ver en un periódico levantino. Rezaba algo así como “el expolio de lentisco”. Al leer el titular no me lo tomé en serio y pensaba que era un título con un carácter más metafórico que otra cosa. Pero por desgracia me estaba equivocando.

En los montes de la costa mediterránea penínsular se está llevando a cabo la recogida de lentisco de manera indiscriminada. El usos de sus hojas como componente verde para composiciones florales está haciendo que cada vez se pague más en países de centroeuropa como Holanda y Bélgica. De este negocio se han dado cuenta en España y se están organizando cuadrillas de recolectores de lentisco los cuales son transportados en furgonetas y distribuidos por el monte donde van formando fardos de ramas de lentisco. Una vez los tienen atados, los dejan al borde la carretera para que una furgoneta los vaya recogiendo. Obviamente, el control de esta actividad es nulo, y su recolección se hace de manera indiscriminada. Además, en muchas ocasiones los recolectores van campo a través, dificultando su detención. Todo esto está resultando en que las poblaciones de lentisco de algunos montes mediterráneos se están viendo mermadas.

Lentisco decomisado por los agentes rurales en los montes de Tarragona.

Sirva este artículo como llamamiento para vigilar estas acciones. Porque estoy realmente seguro que las culturas clásicas y antiguas sabían de sobra como recolectar y manejar las poblaciones de lentisco mucho mejor a como se están tratando con esta nueva práctica recolectora.

Los pasados días 14,15, 16 y 17, llegó el momento de conocer el interior de la provincia de Lugo. Porque en Galicia es de sobra conocida su costa, sus rías, el Camino de Santiago, pero quizás hay montañas en el interior que no son tan conocidas, pero no por ello merecen menos la pena. El Caurel y los Ancares gallegos fueron nuestros objetivos, y os vamos a contar como nos fue nuestro recorrido por estos paisajes de ensueño.

Las laderas de las montañas del Caurel nos dieron la bienvenida.
Las laderas de las montañas del Caurel nos dieron la bienvenida.

El río Ladra y su tramo inhóspito.

Aterrizamos en el aeropuerto de Santiago de Compostela y para no hacer el tramo hasta el Caurel de golpe, dimos un pequeño paseo por el río Ladra, y realmente nos sorprendió mucho. La suerte es que parte de estos bosques que lindan con el río se encuentran en la actualidad bajo acuerdos de custodia del territorio (Asociación Gallega de Custodia del Territorio). Esto ha hecho que la conservación del lugar esté siendo una realidad, y eso se nota enormemente en la naturaleza del mismo.

Con este pretexto, el paseo que dimos solo pudo ser mágico, y así lo sentimos. Sin duda, unos paisajes de duendes y elfos.

El grupo adentrándose en el bosque que custodia al río Ladra.
El grupo adentrándose en el bosque que custodia al río Ladra.

Después de esta ruta idílica, llegamos a nuestro alojamiento en Paderne del Caurel. Un pueblecito con encanto que nos acompañó durante dos noches.

En el Caurel, la devesa de A Rogueira.

En el segundo día de nuestro viaje, nos tocaba conocer el lugar que nos sirvió de excusa para realizar nuestro viaje. Y no defraudó. ¿Podéis imaginar 22 bosques en uno solo? Cuando tenemos un bosque, éste coge el nombre de la especies arbórea predominante. De esta manera, lo normal es encontrar en un monte uno o dos tipos de bosques. Pero en la Devesa de a Rogueira esto nos puede pasar hasta 22 veces. En un momento los robles, en otro las hayas, después los tejos, en algún momento los castaños, y así hasta 22 especies diferentes. Esto hace que, mientras que los recorremos buscando la parte más alta, nuestra mirada divisa paisajes muy diferentes.

Los musgos cubren los árboles sin importarle que tipo de bosque sea el que predomine.
Los musgos cubren los árboles sin importarle que tipo de bosque sea el que predomine.

Comenzamos una última subida un poco más exigente pasando por la cascada de A Rogueira. Un curioso lugar donde la roca tiene dos colores muy diferenciados. Y es que en este punto es donde se unen los materiales calizos con los silíceos, y eso se traduce en dos colores muy bien marcados.

La cascada de Rogueira con sus dos colores de roca.

Y al terminar la subida, era el momento de mirar atrás. ¿Estábamos en Escocia? Bien lo parecía. Brezales que ocupaban las partes más altas de las laderas que nos acompañaron hasta que iniciamos la bajada que nos iba a llevar al bus.

La parte de arriba de Rogueira (Sierra del Caurel) nos muestra un paisaje de brezos que nos trasladará a las Highlands escocesas.
La parte de arriba de Rogueira (Sierra del Caurel) nos muestra un paisaje de brezos que nos trasladará a las Highlands escocesas.

Por la tarde, nos dimos un agradable paseo por el bonito pueblo de Seceda. Una imagen vale más que 1000 palabras, así que os dejamos una de este pueblo.

El pueblo negro de Seceda en el Caurel, con sus rústicas calles.
El pueblo negro de Seceda en el Caurel, con sus rústicas calles.

El río Pequeno, otro de los cursos que atraviesa el Caurel.

El tercer día salimos de nuestros alojamientos en Paderne del Caurel y seguimos el curso del río Pequeno. Está fue una ruta sencilla en la que el ruido del agua nos fue acompañando. Su presencia nos aseguraba encontrarnos con especies de ribera muy diferentes a las que habíamos visto el día anterior.

Muchos cursos de agua del Caurel que van a desembocar al río Pequeno muestran este frondoso aspecto.
Muchos cursos de agua del Caurel que van a desembocar al río Pequeno muestran este frondoso aspecto.

Después de comer abandonamos el Caurel y, antes de dirigirnos a nuestro próximo destino en Piornedo, en los Ancares gallegos, nos dimos un paseo por un lugar que nos dejó a todos con la boca abierta.

No sabíamos que nos estaba esperando un bosque de duendes. Los musgos han ido tapizando las grandes rocas, las cuales han formado pasillos que convierten el paseo entre ellas en algo realmente mágico.

Rocas tapizadas de musgo en Os Grobos.

Y cuando llegamos a Piornedo, nos dio tiempo a dar un paseo por el pueblo conociendo como eran las pallozas en las que vivían los lugareños de estas sierras hasta no hace mucho tiempo. Su Museo Palloza te transporta y te permite viajar en el tiempo.

Y finalizamos recorriendo los Ancares gallegos.

Nuestro último día se iniciaba con una ruta corta por los alrededores de Piornedo para descubrir el corazón de los ancares gallegos. Terminábamos de conocer los paisajes de ensueño que salpican el interior de la provincia de Lugo. Además, pudimos conocer historias locales que pusieron el colofón a nuestro viaje por el Caurel.

Último respiro del aire de los Ancanres antes de emprender nuestro camino de regreso.

Fueron 4 días para descubrir, para disfrutar y para conocer más de todas las maravillas que la naturaleza y la población local del Caurel tienen para sorprender.

El verano aprieta. Media Europa se encuentra inmersa en una ola de calor histórica. Sin embargo, existen lugares que se resisten a las altas temperaturas, y sin duda la naturaleza tiene mucho que ver en eso. En la parte Norte-Noreste de los Alpes nace un río que va a ser el protagonista de nuestra sección de Ecoturismo por el Mundo de este mes. El río Isar funciona como un refrigerador que baja el frescor alpino hasta que queda embebido en el Danubio.

¿Queréis visitarlo? Vamos a mostraros algunas de las zonas que lo rodean y que bien ameritan un viaje al sur de la Baviera Alemana.

Las vegas del río Isar.

Ya conforme se aleja de la cordillera de los Alpes, el río Isar crea unas vegas que, en muchas ocasiones han sido ocupadas por infraestructuras humanas (como ocurre en muchos sitios), pero que mantiene lugares con un carácter más natural. De hecho, de esa unión hombre-naturaleza aparece en el mapa los pastos del Garchinger Heide. Al norte de Munich, esta área verde gana un protagonismo destacable.

Una zona donde la hierba crece hasta donde llega la vista y donde se encuentran algunas de las especies vegetales de pastos más interesantes. Un paseo entre sus praderas revitaliza hasta el peor de los ánimos.

Las flores de Campanula rapunculoides puede ser una de las más bonitas que nos podemos encontrar.
Las flores de Campanula rapunculoides puede ser una de las más bonitas que nos podemos encontrar.

Pero si seguimos avanzando hacia los Alpes, estos pastos comienzan a retorcerse y crear ondulaciones en las laderas. Para los que somos del sur de España, estos paisajes son super-sorprendentes. En este caso, pude visitar los prados ondulados de Buckelwiesen, cerca de Mittenwald. Creo que una imagen vale más que mil palabras.

Prados ondulados de Buckelwiesen, cerca de Mittenwald con el río Isar muy cerca.
Prados ondulados de Buckelwiesen, cerca de Mittenwald con el río Isar muy cerca.

Siguiendo el río Isar.

Pero volvamos a nuestro protagonista. Este río (como pasa en muchos ríos de la Península Ibérica) ha sufrido el manejo de sus aguas por el ser humano. En este caso en forma de centrales eléctricas y embalses. Esto quiere decir que su caudal es muy variante dependiendo de la época del año. Pero bueno, os voy a intentar describir como lo pude vivir yo.

Una gran vega, un cauce de agua helada, muchos cantos rodados que nos hablan de otros momentos más caudalosos, y la silueta de las montañas de fondo. No suena nada mal ¿eh?. Pues no.

El cauce del río Isar abriéndose paso entre montañas.
El cauce del río Isar abriéndose paso entre montañas.

Bueno, entonces llegó el momento de fijarnos en su vegetación. Existe una gran diversidad de especies que en mitad del verano se encuentran en todo su esplendor. Flores de todos los colores, pero como muchas veces pasa, al final nos sorprenden las cosas no tan llamativas.

Resulta que entre toda la vegetación, a las orillas del río Isar vi unos árboles que me parecieron muy familiares. Me dije para mi, “que curioso estos ejemplares de Taray (Tamarix sp) por estas zonas”. Pero conforme me iba acercando a ellos observé restos de flores y frutos que nada tenían que ver con estos árboles tan comunes en los ríos mediterráneos. Por lo que me puse a buscar y ya, os saco de dudas. Se trata de Myricaria germanica, y aunque su nombre haga alusiones al país de Alemania, la realidad es que esta especie también la podemos encontrar en Noreste de la Península Ibérica, siendo la única especie de Myricaria que aparece en el continente Europeo.

Flores y restos de frutos de Myricaria germanica a orillas del río Isar. Si os fijáis en sus hojas, bien podrían ser las de un Taray.
Flores y restos de frutos de Myricaria germanica a orillas del río Isar. Si os fijáis en sus hojas, bien podrían ser las de un Taray.

Subamos un poco en altitud.

Y ya que estaba tan cerca de los Alpes, que menos que “asomarme” para otear el horizonte. Y nunca mejor dicho lo de asomarme. En la población de Mittenwald existe un funicular que en menos de 10 minutos es capaz de salvar una diferencia altitudinal de más de 1000 metros. Eso hace que el recorrido sea casi vertical. Para los que sufren de vértigos, lo mejor es cerrar los ojos y esperar. Para los que no, disfrutad porque es una experiencia única.

Cabina del funicular que nos subiría hasta Bergwelt-Karwendel.
Cabina del funicular que nos subiría hasta Bergwelt-Karwendel.

Y arriba llegamos a Bergwelt-Karwendel, unas instalaciones ideales para disfrutar de este mini-circo glaciar. Además de numerosas sendas que parten de aquí, existe una sencilla que lo rodea y que la podríamos llamar la Senda de las Vistas. De nuevo, prefiero dejar una imagen.

Vistas de los Alpes desde la misma frontera entre Alemania y Austria.
Vistas de los Alpes desde la misma frontera entre Alemania y Austria.

Durante el recorrido, a principios de Agosto, las flores se acinan. Los colores se disparan a tonalidades inimaginables. Azules, amarillos, rojos, naranjas, y muchas otras especies cuyas flores no son tan llamativas, pero para los que nos paramos en todas, descubrimos auténticas obras de arte en miniatura.

Particularmente, me sorprendió el azul intenso de la flores de Gentiana bavarica.
Particularmente, me sorprendió el azul intenso de la flores de Gentiana bavarica.

En estas montañas se encuentra la frontera entre la Baviera Alemana y el Tirol Austriaco. Y en esta frontera me quedé anclado, porque aunque mi cuerpo se encuentre en otros lugares, casi a diario mi mente vuelve a rememorar este lugar.

En verano en el Sureste, lo cierto es que es difícil salir a la naturaleza, cuando todos los seres vivos entran en una especie de segundo letargo, distinto del invernal y limitado a las horas centrales del día. Sin embargo, el pasado 18 de agosto decidimos seguir la pista de los hombres ancestrales para escapar del calor. Como aquellos prehistóricos que poblaron la Sierra de Alcaraz hace 27 mil años, decidimos caminar cerca de los ríos y hacia las montañas, detrás de las manadas migratorias de animales que cazaban. Y al final encontramos ciervos, cabras monteses y caballos silvestres, aunque no pastando, sino sobre los muros de la Cueva del Niño de Ayna, cuyas pinturas rupestres forman parte del Patrimonio de la Humanidad del Arte Rupestre del Arco Mediterráneo.

Los paisajes que rodean la Cueva del Niño de Ayna nos invitan a viajar en el tiempo.
Los paisajes que rodean la Cueva del Niño de Ayna nos invitan a viajar en el tiempo.

La vida encajonada y la Cueva del Niño.

Los que se adentran en el Cañón del río Mundo son escasos, aunque su nacimiento y su paso por Aýna sean muy conocidos. Antiguamente, los parajes por los que el río sirve de límite entre este último, Bogarra y Molinicos, estuvieron salpicados por pequeñas aldeas y caminos de caballerías, pero lo abrupto del terreno acabó imponiéndose y los caseríos encaramados a los meandros, de hasta 500 metros de desnivel, quedaron desiertos. En uno de los barrancos que se precipitan al río, a media altura, y casi invisible hasta que no estamos a pocos metros de ella, está la Cueva del Niño.

Grupo de asistentes preparados para adentrarse en la Cueva del Niño.
Grupo de asistentes preparados para adentrarse en la Cueva del Niño.

Teníamos muchas ganas de visitar esta cavidad, tanto por sus pinturas y formaciones espeleológicas, como por su impresionante entorno natural. El Cañón hay que verlo desde arriba y desde abajo, por lo que la caminata que preparamos empezó por la Muela de San Martín, uno de los macizos que avasallan al Mundo. Empezamos con una subida, intensa pero corta, a la sombra, para después casi llanear por encima de esta pequeña meseta, hasta descubrir abajo el valle del río y sus canteros cayendo a plomo. Fue uno de los días más calurosos de agosto, pero la sombra ligera y la brisa no fallan aquí, ni el intenso olor a romero y pino, que echan el resto cuando sube la temperatura.

Y al fin llegó el momento de descubrir la cueva por dentro. Todo un espectáculo en el que emplear todos los sentidos.
Y al fin llegó el momento de descubrir la cueva por dentro. Todo un espectáculo en el que emplear todos los sentidos.

En la boca de la cueva nos recibieron una pareja de murciélagos, nada tímidos, y las gotas que, de cuando en cuando, aciertan sobre la cabeza de uno, haciendo ver que las estalactitas, estalagmitas, columnas y banderolas de la cueva siguen vivas. Las representaciones del interior están entre las más antiguas del sur de la Península, donde las pinturas del Paleolítico, las del hombre nómada que todavía no había descubierto ni la agricultura ni la ganadería, son muy raras. A la salida, la bocanada de aire cálido de la tarde nos trajo de nuevo a la era en la que ya solo quedan caballos silvestres, y otras muchas cosas, en pintura.

El baño en el Mundo.

Ya bajando hacia el río, algunas tierras de cultivo, mas abiertas, nos castigaron con un sol vertical durante unos diez minutos, lo justo para que el baño que siguió en las pozas del Mundo fuera todavía más salvaje y liberador. Comimos con los pies metidos en la corriente y después, cuando la flama de la tarde empezó a disiparse, caminamos por dentro del agua, entre paredones naranjas donde germina el rarísimo dragoncillo de roca, hasta enlazar con una de las antiguas sendas que pasaban al otro lado. Es un camino que parece mentira que todavía siga ahí, casi tragado por la naturaleza, pero tan bien trazado que, en cuanto se adivinan sus muros, se desvela como un mensaje centenario en piedra.

Deseado y merecido baño en el río Mundo una vez nuestra senda alcanzaba su fin.
Deseado y merecido baño en el río Mundo una vez nuestra senda alcanzaba su fin.

A priori todos pensarían que en Agosto no se puede disfrutar del monte, pero nada más lejos de la realidad. Pero los alrededores de Ayna nos demuestra que las posibilidades son muchas, y que disfrutar de maravillosos rincones es posible.

El género jacaranda lo componen árboles o arbustos originarios del Caribe, Centro y Sudamérica que requieren de  mucho sol y de un tipo de suelo rico en materia orgánica y con buen drenaje. En la actualidad, se reconocen 49 especies que pueden alcanzar desde los 2 a los 30 metros de altura.

Estas especies son llamativas porque la mayoría de ellas luce delicadas flores en forma de trompetas de tonalidades en su mayoría color violeta, aunque también hay especies con flores blancas y de color rosa. Desde el punto de vista ornamental, la especie Jacaranda mimosifolia es la más ampliamente usada.

Pon una Jacaranda en tu vida.

Aunque las jacarandas en las ciudades suelen ser una planta de amores u odios (¿qué bonitas flores? o ¡como se pegan las flores en los zapatos!), por la gran cantidad de flores que producen, lo que generalmente desconocemos es que estas plantas no son solo de uso ornamental. Las jacarandas tienen compuestos con demostrados usos farmacológicos. Estas plantas han sido empleadas en el tratamiento de enfermedades tropicales, problemas de la piel, infecciones venéreas e incluso resfriados, reumatismos y desórdenes gastrointestinales.

Paseo de Jacarandas en flor.
Paseo de Jacarandas en flor.

La importancia económica de esta especie radica en su rápido crecimiento y la fácil comercialización de su madera, la cual es usada para ebanistería y para la producción de pulpa para papel. Sus frutos también son ampliamente utilizados en la elaboración de artesanías.

Artesanías hechas con los frutos de Jacaranda. Imágenes de Joyarte Accesorios.
Artesanías hechas con los frutos de Jacaranda. Imágenes de Joyarte Accesorios.

La biología y ecología de las Jacarandas.

Las jacarandas son árboles caducifolios que suelen tener uno o dos periodos de exuberantes floraciones al año. Su producción de frutos ocurre frecuentemente una vez al año y son unos árboles muy prematuros, algunas especies pueden comenzar a florecer entre el primer y el segundo año de vida. Sus frutos son cápsulas aplanadas lignificadas que asemejan hojas secas y que al abrirse contienen semillas hialinas voladoras. En sus hábitats de origen, las flores son fuentes de néctar para aves e insectos.

 Estos frutos suelen abrirse solos, pero si los intentáis abrir vosotr@s, veréis que son extremadamente duros. Sin embargo, en sus zonas de origen, existen especies de Loros con un pico tan fuerte que son capaces de abrirlos.

Especie de Periquito Verde (Brotogeris tirica) en una rama de Jacaranda. Foto de Claudia Komesu.
Especie de Periquito Verde (Brotogeris tirica) en una rama de Jacaranda. Foto de Claudia Komesu.

Al nombre de Jacaranda o Jacarandá se le asocian diferentes significados. Por ejemplo, Jacaranda en guaraní significa madera dura. Sin embargo, este nombre común también podría derivar del de una población del estado brasileño de Bahía llamada Jacarancy. Adicionalmente, la palabra Jacaranda podría tener relación con la palabra “yacaranda” que, al parecer, es un término portugués que significa “olor fuerte”.

La Jacaranda y la lírica.

Las jacarandas se mencionan con mucha frecuencia en canciones y textos literarios del continente americano. De hecho existe una curiosa historia de una canción compuesta por el poeta mexicano Mario Molina Montes, la cual parece que fue inspirada en la actriz Elizabeth Taylor y que relacionó el color de las flores de las Jacarandas con el de los ojos de esta bella mujer.

“Te quiero por bonita y por tu cara extraña

Te quiero por tus ojos de jacaranda en flor…”

Por su parte, el escritor mexicano Alberto Ruy-Sánchez relató:

“La flor de la Jacaranda es una copa sonriente, algo torcida, como un beso que se vuelve mordida”.

Las jacarandas también se conocen con otros nombres como Gualandayes o Tarcos, y los tapices florales han inspirado canciones como “Cámbulos y Gualandayes” del colombiano Carlos del Valle:

Rojos se ponen los cámbulos,

azules los gualandayes

son orgullo de la tierra,

son la alegría del paisaje,

todos harán con sus flores alfombra para que pases”.

Y sinceramente, podríamos escribir bastantes más anécdotas y curiosidades de estos preciosos árboles, pero… mejor nos las guardamos para nuestros paseos por jardines 😉

Tras desembarcar en el aeropuerto Fort Worth International de Dallas, la cultura norteaméricana se muestra delante de mi. Pollo frito, personas de todo el mundo, colas, controles de seguridad (extremos). Nada que me haga pensar que la ciudad que voy a visitar me vaya a gustar. Pero no vamos a engañarnos, si nos quedasemos con los aspectos de los aeropuertos, rara vez nos darían una imagen positiva de donde estamos.

Me monto en el tren que me lleva a la ciudad, y comienza mi travesía para descubrir las flores de Dallas.

El Arboretum de Dallas me esperaba sin tene muy claro lo que me iba a encontrar. Una grata sorpresa.
El Arboretum de Dallas me esperaba sin tene muy claro lo que me iba a encontrar. Una grata sorpresa.

Dallas, mucho más que un asesinato.

Mis referencias son nulas. No había visitado ninguna otra ciudad de Estados Unidos, pero algo dentro de mí me decía que me iba a encontrar con el típico skyline repleto de rascacielos y luces. Si bien es cierto que alguno había, muchos menos de los esperados. Pero no me quise desviar de mi cometido. Tras ver la avenida donde asesinaron a Kennedy, y el centro de negocios de Dallas, me fui en busca del Arboretum de Dallas.

El White Rock Lake bordea situado en el lado norte de la ciudad, bordea en todo momento el Arboretum de Dallas.
El White Rock Lake bordea situado en el lado norte de la ciudad, bordea en todo momento el Arboretum de Dallas.

Tras dos metros-trenes, y un bus, al final ahí estaba. En las puertas de un lugar que no esperaba me fuera a deparar tantas sorpresas en forma de colores.

El Arboretum de Dallas.

Era un soleado sábado de Abril. La gente local aprovechaba la buena temperatura para pasear por un espacio gratificante. Prados repletos de flores, el White Rock Lake baña sus orillas, un tranvía del propio arboretum transportando a los visitantes por el extenso parque. Pero veamos que nos podremos encontrar cuando visitemos este espacio de la ciudad de Dallas.

El Arboretum de Dallas, un lugar idóneo para pasear y disfrutar.
El Arboretum de Dallas, un lugar idóneo para pasear y disfrutar.

De primeras, ya el edificio de entrada está repleto de servicios. La taquilla y una recepción donde amablemente te dan la bienvenida al sitio. Una tienda del botánico (muy bien equipada), y una cascada de agua que vaticina el vergel que nos espera.

Hay una parte en la que los árboles dominan. En esta zona podemos encontrar Robles Espinosos (Quercus macrocarpa), Robles Rojos (Quercus shumardii), Árboles de Júpiter (Lagerstroemia indica), y otras muchas especies que en primavera muestran un magnífico verde. Entre árboles y espacios, quedan distribuidas diversos monumentos, construcciones y antiguas edificaciones que existían en el lugar como los típicos cottages o casas de campo estadounidenses (con todo su colorido floral y su estilo de antaño). También un escenario para representaciones y conciertos en un marco incomparable, riachuelos, puentes, etc

El arbolado comienza progresivamente y nos sorprende con una matriz verde envidiable.
El arbolado comienza progresivamente y nos sorprende con una matriz verde envidiable.

Las flores como protagonistas.

Era primavera, la temperatura era ideal, y el jardín estaba engalardonado con infinidad de flores. Las azaleas y rododendros se distribuían con numerosas tonalidades. La Salvia Mexicana (Salvia leucantha) se presentaba en su versión menos vista, con las flores de color blanco. Diferentes variedades e híbridos de Heleboros se podían encontrar en toda su plenitud floral.

La nítida flor de Helleborus x ericsmithii se deja entrever.
La nítida flor de Helleborus x ericsmithii se deja entrever.

En algunos parterres, la disparidad y acumulación de especies era tal, que los carteles se amontonan intentando indicar “claramente” a que flor en concreto se refiere.

A veces, la acumulación de flores es tal, que difícilmente se puede diferenciar a que flor se refiere cada cartel.
A veces, la acumulación de flores es tal, que difícilmente se puede diferenciar a que flor se refiere cada cartel.

Sin embargo, existían otras zonas donde los ejemplares quedaban bien definidos y donde quedaba claro a que especie se refería. Geránios de un “Rosa Caliente” tal y como su variedad define, las Zinnias que nos descubren la belleza a diferentes tamaños, y las Begonias de “alas de dragón”. En otras zonas, los Tagetes son los protagonistas. De esta especie ya hablamos en nuestra Wikiflora. ¿Quieres saber más de ellos? Pincha aquí.

Colección de coloridos Tagetes.
Colección de coloridos Tagetes.

Y la obra final del Arboretum de Dallas.

Pero personalmente, existe una parte del Arboretum (que bien podríamos llamar Floretum) donde la cantidad de variedades de ciertas especies puede llegar a abrumarnos. Si te quieres aficionar a la jardinería, este lugar lo tienes que visitar sin pensar más allá. Si creías conocer todas las variedades de estas especies, aquí te llevarás un desengaño.

Diferentes espacios de terreno dedicados a la variedad de color y formas de ciertos géneros. En esta foto, espacio dedicado a las Salvias.
Diferentes espacios de terreno dedicados a la variedad de color y formas de ciertos géneros. En esta foto, espacio dedicado a las Salvias.

Podemos empezar con los tulipanes. En esta época aun no habían asomado sus flores, pero si cada una de las variedades expuesta tiene un color diferente, el espectáculo estará servido. Aunque ya habíamos nombrado a los geranios, posiblemente en este espacio se acumulen la mayoría de ellos.

Gran colección de variedad de Geranios de diferentes colores y con diferentes características.
Gran colección de variedad de Geranios de diferentes colores y con diferentes características.

Lo mismo se puede decir de las salvias. Una explosión de color con todas sus variedades. Pero personalmente, fueron los Antirrinus o Bocas de Dragón las que en ese momento exacto estaban en su mayor plenitud. Amarillos, rojos, naranjas, lilas, blancos, y un largo etcétera. Creo que una imagen vale más que mil palabras.

Espectacular variedad de colores gracias a los Antirrhinum.
Espectacular variedad de colores gracias a los Antirrhinum.

Es posible que si alguna vez os decidís ir a Dallas de viaje, nadie os diga que existe el Arboretum de Dallas, y que está repleto de rincones que, dependiendo de la época del año, serán la delicia de los visitantes. Pues bien, yo os lo digo: “Tenéis que visitar el Arboretum de Dallas” .

Pero la verdad es que ni uno ni lo otro….. o si. El Ricino (Ricinus communis) es una planta que recibe una gran cantidad de nombres (además del ya dicho) como bafureura, catapucía, cherva, higuereta, palma de Cristo, etc. Pero, ¿por qué se le llama también Higuera del Infierno? Este mes, dentro de nuestra #Wikiflora, os queremos presentar a esta planta. El Ricino.

Una “Higuera” sin higos.

El Ricino es un arbusto que tiene un tallo bastante grueso, pero eso no significa que sea duro y resistente sino que el tallo está hueco por dentro. Ese es uno de los aspectos curiosos de esta planta. Las hojas pueden tornar a un color purpúreo que se suele cubrir de un polvo blanco (parecido a una cera) que si se frota se desprende.

Sus hojas son bastante grandes y tienen entre 5 y 9 lóbulos. Los bordes tienen unos pequeños dientes y se unen a los tallos por un pedúnculo que está en la parte inferior de la hoja. De esta manera, si miramos las hojas desde arriba, habrá gente que les pueda parecer a la hoja de una higuera (aunque también habrá gente que le pueda parecer la hoja de otra planta).

Hojas que bien podrían parecerse a una higuera.... o incluso a otra planta. Foto: riomoros.com
Hojas del Ricino que bien podrían parecerse a una higuera…. o incluso a otra planta. Foto: riomoros.com

Lo espectacular de sus frutos.

El Ricino pertenece a la familia de las Euphorbias. Esta familia es un rara avis dentro del mundo vegetal. Tanto es así que ha necesitado en muchos casos de botánicos expertos para su desarrollo. Y esto viene dado porque sus flores son bastante diferentes a las del resto de familias vegetales. Pero no es en las flores donde quiero que nos fijemos, sino en sus frutos.

Flores del ricino y frutos que están comenzando a formarse. Foto: Wikimedia Commons
Flores del ricino y frutos que están comenzando a formarse. Foto: Wikimedia Commons

Cuando observamos un fruto de Ricino, vemos que son unas estructuras globosas con abundantes púas como si de un erizo se tratase. Estos frutos contienen 3 cavidades con una semilla cada una de ellas. Los frutos al madurar tornan a un colo rojizo. Es decir, al final de los tallos, nos encontramos con un conjunto de frutos con púas de color rojo. Se puede entender entonces su relación con el infierno ¿no?

Frutos madurando de Ricino. Con sus púas erizadas y su espectacular rojo.
Frutos madurando de Ricino. Con sus púas erizadas y su espectacular rojo.

Y dentro de los frutos del Ricino, unas bellísimas semillas.

Cuando los frutos se secan, empiezan a abrirse y de su interior aparecen una semillas ornamentadas suuuuuuper bonitas. De hecho, si nunca las has visto, es esperable que te sorprendas. Pareciera que una artista llamada naturaleza las hubiera pintado con unas tonalidades marrones que resultan unas formas abstractas y armónicas de gran belleza.

Tanto es así que cuando decidí crear las postales de la colección Artistic Seeds, tenía claro que las semillas del Ricino tenían que ser una de las componentes de la colección. Pincha aquí si quieres hacerte con una de estas postales 🙂

Postal dedicada al Ricino donde se puede observar la belleza de la ornamentación de sus semillas.
Postal dedicada al Ricino donde se puede observar la belleza de la ornamentación de sus semillas.

Orígenes y usos del Ricino.

Los orígenes del Ricino no están claros. Actualmente se ha naturalizado en casi todas las regiones cálidas del globo terráqueo. Es probable que provenga del noreste de África o de Oriente Medio. Lo que si está claro es que ha sido capaz de aparecer, ya sea cultivado o naturalizado, en muchos lugares, incluso en islas pequeñas.

Claro, tanto tiempo conviviendo con el ser humano ha servido para que hayamos podido conocerlo bien y saber que partes del Ricino podrían tener alguna utilidad. Y ahí voy a exponerlas.

Preciosa ornamentación de las semillas de las que tantos usos se pueden extraer. Foto: sertox.com.ar
Preciosa ornamentación de las semillas de Ricino de las que tantos usos se pueden extraer. Foto: sertox.com.ar

Más bien, comenzaré con el no uso. Sus semillas, aunque muy bonitas, son extremadamente tóxicas ya que contienen una albúmina que es la ricina, y que en niños puede tener consecuencias fatales. Sin embargo, del tratamiento de sus semillas si que se obtiene el famoso aceite de ricino. Este ha sido (y es) un excepcional purgante. Muchos niños del siglo pasado han tenido que soportar su horroroso sabor (que provocaba nauseas) con el fin de “limpiarse” por dentro.

El antiguo Aceite de Ricino. Foto: todocolección.net
El antiguo Aceite de Ricino. Foto: todocolección.net

En la actualidad han sabido sacarle más usos como por ejemplo sus aplicaciones para la industria de la pintura y los barnices. Incluso también para la fabricación de lubricantes utilizados en motores de aviones y en líquidos de frenos. Ocasionalmente también se ha empleado como aceite para freír y antiguamente en el alumbrado.

Y cuanta razón tiene :)
Y cuanta razón tiene 🙂

Después de exponer todas las características de esta planta, dejo a elección de cada uno si está bien puesto ese nombre de “Higuera del diablo”.

El pasado fin de semana del 8 al 10 de Junio coincidía con un puente festivo en la Región de Murcia. Eso nos permitió organizar un viaje para conocer el Escondite del Guadiana. Después de una primavera que por suerte tuvo bastantes episodios de lluvia, la Mancha Húmeda estaba dispuesta a hacer honor a su nombre. Teníamos 3 días para conocer los ojos del Guadiana así como muchos de los lugares naturales que esta zona de Castilla La Mancha aguarda.

Las amápolas nos dieron la bienvenida y auguraban un gran viaje.
Las amápolas nos dieron la bienvenida y auguraban un gran viaje.

Empezamos a describiros como fue el fin de semana.

Un viaje a la Roma clásica y una gran grieta.

Nuestra primera parada fue en Lezuza. Un pueblo de la provincia de Albacete que aguarda una gran sorpresa. Un yacimiento romano del que se ha podido excavar una pequeña parte y del que se han extraído ya numerosas e importantísimas piezas (algunas de ellas muy bien conservadas). Libisosa.  Disfrutar de su historia es todo un lujo, pero es que además tuvimos la suerte de que nuestra visita coincidió con las Jornadas de Recreación Histórica. Esto significó que pudimos disfrutar de como los lugareños, vestidos con los atuendos típicos de la época romana, iban explicando los modos de vida y las historias que pudieron acontecer en una ciudad como la que allí existía.

Parte de una de las representaciones llevadas a cabo por alguno de los figurantes.
Parte de una de las representaciones llevadas a cabo por alguno de los figurantes.

Para la tarde, tuvimos nuestra primera incursión en las Lagunas de Ruidera. Lo hicimos a través de una gran brecha en el territorio. La Quebrada del Toro nos sorprendió a todos con sus rincones, su inmensidad y sus subir y bajar continuo. Y por supuesto, la mejor manera de terminar el paseo era disfrutando de nuestras primeras vistas sobre las lagunas de Ruidera entre arbustos y ajos 🙂

Los asistentes disfrutando (y a vecés sufriendo un poco) del paso por la Quebrada del Toro.
Los asistentes disfrutando (y a vecés sufriendo un poco) del paso por la Quebrada del Toro.

Un pequeño Parque Nacional que es el Escondite del Guadiana.

Segundo día. El momento de adentrarnos de lleno en uno de los Parques Nacionales de la provincia de Ciudad Real. Un paraíso para los amantes de las aves (que no solo íbamos a hablar de plantas) en el que tuvimos la suerte de disfrutar con el avistamiento de una gran cantidad de especies diferentes de Aves (Malvasía Cabeciblanca, Ánades, Zampullines, etc), y también de otras especies de animales como el Galápago Europeo (Emys orbicularis). Una gran diversidad de fauna que esconde este Escondite del Guadiana. El Parque Nacional de las Tablas de Daimiel ante nosotros.

Paseando por uno de los paseos destinados a tal uso dentro del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel. El Escondite del Guadiana.
Paseando por uno de los recorridos destinados a tal uso dentro del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel.

Fue un recorrido corto pero no por ello menos intenso que otros. Un recorrido que pudimos terminar con una visita al Molino de Molemocho. Un magnífico lugar donde poder transportarnos al pasado cuando este molino era uno de los principales de la zona.

Ejemplares de Galápago Europeo (Emys orbicularis) en el Parque Nacional. Ellos también disfrutan del Escondite del Guadiana.
Ejemplares de Galápago Europeo (Emys orbicularis) en el Parque Nacional.

Tras una rica comida en Daimiel, nos fuimos a descubrir ciertos puntos estratégicos de las Lagunas de Ruidera como la impresionante Cascada del Hundimiento o las Cascadas de la Batana. Fue una grata manera de terminar nuestro segundo día de viaje. Regresamos a Munera, nuestra base de operaciones, para disfrutar de una deliciosa cena en nuestra Hospedería Bodas de Camacho y a descansar para encarar el último día.

Las lagunas de Ruidera a fondo.

Para nuestro último día del viaje teníamos programada la caminata más larga. Un recorrido que iniciamos desde la icónica Cueva de Montesinos, lugar de culto para los lectores del Quijote, pero que además tiene su importancia natural por otro tipo de motivos, comenzando con las especies que podemos encontrar tanto dentro como fuera. Seguimos nuestra ruta y, tras una breve referencia a los Apalaches, nos fuimos acercando al borde de las lagunas.

La entrada a la Cueva de los Montesinos con todos sus misterios y sus historias.
La entrada a la Cueva de los Montesinos con todos sus misterios y sus historias.

Mientras un grupo optó por el recorrido corto, pero no por ello menos bonito. Un bonito paseo por las orillas de las lagunas hasta que el bus nos recogió para llevarnos al Baño de las Mulas.

Por otro lado, la gran parte del grupo siguió por la ruta más larga donde pudo disfrutar del castillo de Rochafrida. A partir de ahí, un más que agradable paseo con vistas inmejorables de algunas de las lagunas. Paseo que nos llevó hasta el prometido y deseado baño y la comida.

Alguno de los asistentes que disfrutaron del baño. Parece que no se estaba mal :) en un Escondite del Guadiana.
Alguno de los asistentes que disfrutaron del baño. Parece que no se estaba mal 🙂

Una ruta para nada dura y repleta de vistas, rincones y naturaleza que la Mancha Húmeda tiene guardada para que podamos disfrutarla de una manera respetuosa y concienciada. Otra forma de descubrir el Escondite del Guadiana.

Vistas de las lagunas que pudimos disfrutar durante nuestra ruta del último día por la mañana. Otro Escondite del Guadiana.
Vistas de las lagunas que pudimos disfrutar durante nuestra ruta del último día por la mañana.

Así emprendimos el viaje de vuelta, cansados pero con la impresión de que habíamos conocido un lugar que, gracias a las lluvias de esta primavera, lo pudimos ver con paisajes húmedos más húmedos de lo normal.

Todavía recuerdo la primera vez que fui al Parque Nacional Natural Cueva de los Guácharos en Colombia en el año 2012. Estaba comenzando mi maestría en Ciencias Biológicas en Bogotá. El director de mi tesis decidió que sería una muy buena oportunidad poder unirme a una salida de campo que iban a desarrollar en este lugar. De esta manera podría conocer algunas de las investigaciones científicas que venían desarrollándose.

Hacía allí se dirigían mis pasos. Hacia el Parque Nacional Natural Cueva de los Guácharos. Foto: Johanna Páez Crespo.
Hacía allí se dirigían mis pasos. Hacia el Parque Nacional Natural Cueva de los Guácharos. Foto: Johanna Páez Crespo.

La transición de la ciudad al campo.

La primera parada fue Pitalito. Una ciudad pequeña ubicada al suroccidente colombiano. Es bastante comercial y ahí no pasamos mucho tiempo ya que abordamos una chiva que nos condujo a Palestina. Una vez en la chiva, en medio de campesinos que llevaban sus compras a sus hogares y sintiendo la brisa andina que invita a abrigarse, empezamos a vivir la transformación del paisaje que sale de la urbe y comienza a adentrarse poco a poco al campo.

Típica Chiva Colombiana. Ella fue la encargada de llevarnos hacia Palestina.
Típica Chiva Colombiana. Ella fue la encargada de llevarnos hacia Palestina.

Recuerdo que en Palestina se siente un aire más fresco. Este municipio dista mucho de parecerse a su homónimo del Oriente. A 1552 metros sobre el nivel del mar, comenzamos a sentir más el frío de la montaña. Es el lugar donde pudimos comprar un elemento indispensable para nuestro viaje. Botas pantaneras. Aunque yo asumí que de allí ya continuaríamos caminando, aún nos faltaba por hacer otro viaje hasta la vereda  La Mensura.

Llegar esta vereda es muy agradable porque, aunque no conozcas a las personas que allí habitan, ellos te tratarán con total fraternidad y te harán sentir en casa. El paso por La Mensura fue muy interesante. Fuimos descubriendo diferentes cultivos de frutas tropicales como el de pitahayas y granadillas. También pude escuchar de primera mano las historias de campesinos que han venido desde otros lugares del país huyendo de la violencia y buscando seguir sus vidas en algún rinconcito verde lleno de tranquilidad.

Cultivo de Granadilla (Passiflora ligularis) cerca de la población de La Mensura.
Cultivo de Granadilla (Passiflora ligularis) cerca de la población de La Mensura.

Hacia la frondosidad en medio del barro.

En La Mensura nos despojamos de toda incomodidad y nos preparamos para pasar varias horas subiendo montaña. El tiempo de ascenso varía dependiendo del estado físico del expedicionario y lo más recomendable es alquilar mulas que se puedan encargar del equipaje, y que permitan poder internarse al bosque de la manera más ligera posible. La primera vez que subí al parque nacional tardé alrededor de cuatro horas en llegar a las cabañas. No olvido que en ese entonces, mientras trataba de lucir no tan exhausta frente a mis nuevos compañeros de estudios, en mi mente sólo se repetía constantemente la pregunta de: “¿Cuál es la necesidad de internarse en un sitio tan remoto?”.

La humedad, ríos y cascadas, son una constante dentro del Parque. Foto: Johanna Páez Crespo.
La humedad, ríos y cascadas, son una constante dentro del Parque. Foto: Johanna Páez Crespo.

Dependiendo de la época del año, el camino es fangoso o más fangoso. Al principio observamos pequeñas casas dispersas que se fueron perdiendo en el paisaje, hasta que luego ya solo vimos el rastro del camino para animales de carga que se vuelve en un reto personal, tratar de sobrellevar sin caerse demasiadas veces.

El río Sauza, a mitad de camino para llegar a la Cueva de los Guácharos.

Al llegar al río Suaza, hay todavía medio camino. De allí se entra oficialmente a la primera área protegida de Colombia que fue declarada  en 1960. Un Parque que pertenece a la Reserva de la Biósfera Cinturón Andino declarada por la UNESCO. La subida fue extenuante, pero también fue bastante reconfortante poder respirar profundamente ese oxígeno que se produce en los bosques de montaña. Esta fue la primera vez en mi vida que atravesaba un robledal. Fue muy grato ver la imponencia de los robles negros (Colombobalanus excelsa) y blancos (Quercus humboldtii), y claramente notar el contraste de este bosque con el de los bosques montanos adyacentes.

En la mayoría de las ocasiones, el ascenso al parque incluye el avistamiento de una buena cantidad gallitos de roca o gallos de la peña (Rupicola peruviana). Son una especie de ave que presenta machos de un bello color naranja intenso y hembras de una tonalidad marrón más reservada. Los gallitos de roca forman grupos de cortejo denominados leks y producen unas vocalizaciones bastante desconcertantes que no concuerdan con su exuberante porte.

Ejemplar macho de Gallito de Roca (Rupicola peruviana) con sus bella coloración naranja. Foto: Johanna Páez Crespo.
Ejemplar macho de Gallito de Roca (Rupicola peruviana) con sus bella coloración naranja. Foto: Johanna Páez Crespo.

Para lo más afortunados, el camino también puede verse acompañado de micos churucos (Lagothrix lagothricha lugens). A veces, estos micos te examinan desde los árboles haciendo despliegues de territorialidad, o simplemente ignoran tu recorrido mientras se sumergen en el consumo de los frutos que tienen disponibles.

Ejemplar de Mico Churuco (Lagothrix lagotricha lugens). Foto: Johanna Páez Crespo.

La estancia en el parque estuvo llena de tranquilidad y fue acompañada por la presencia de los guardaparques del área, que compartieron sus innumerables anécdotas y recomendaciones del lugar. Las noches fueron amenizadas con un repertorio de música local a guitarra que incluyó el muy sonoro himno de este parque nacional.

Conociendo la Cueva de los Guácharos.

El descubrir la cueva principal del área protegida que alberga cientos de guácharos (Steatornis caripensis) es un espectáculo único. El camino para llegar a la cueva es de un verde intenso de muchas tonalidades. Repentinamente, el verde se ve oscurecido por la majestuosidad de la entrada a este recinto y en el que el sentido del oído se agudiza para descifrar las vocalizaciones de las únicas aves nocturnas que se alimentan de frutos. La cueva es todo un invernadero de plantas en potencia. Los guácharos dispersan grandes cantidades de semillas que provienen no solo de los bosques aledaños, sino también de bosques de tierras bajas que también visitan.

Ejemplar de Guácharo (Steatornis caripensis) dentro de la cueva que da nombre al Parque Nacional. Foto: Johanna Páez Crespo.
Ejemplar de Guácharo (Steatornis caripensis) dentro de la cueva que da nombre al Parque Nacional. Foto: Johanna Páez Crespo.

Para conocer bien a Guácharos, nombre con el que como solemos abreviar  al parque nacional, hay que pasarse varios días y visitar cascadas como las de La Lindosa y la de Cristales. También recorrer El Lapiaz y explorar algunas otras cuevas más llenas de impresionantes formaciones calcáreas.

Formaciones del interior de la Cueva de los Guácharos. Foto: Johanna Páez Crespo.
Formaciones del interior de la Cueva de los Guácharos. Foto: Johanna Páez Crespo.

Al finalizar esta hermosa expedición y reflexionar sobre aquella pregunta que rondó en mi cabeza durante el ascenso, solo me queda responder que la necesidad de ir este remoto paraíso que desde entonces he visitado alrededor de 10 veces, reside no solo en deleitarse con las maravillas naturales que componen los bosques tropicales de montaña, sino con la posibilidad de reflexionar sobre los retos de la vida rural y la generosidad de nuestros campos.

La frondosidad vegetal, los diferentes verdes y las flores de elevada belleza acompañan nuestros pasos en este lugar único. Foto: Johanna Páez Crespo.
La frondosidad vegetal, los diferentes verdes y las flores de elevada belleza acompañan nuestros pasos en este lugar único. Foto: Johanna Páez Crespo.