La crisis en la polinización en la que nos estamos viendo inmersos ha sido corroborada por diversos estudios. Hasta este momento se había hablado de diferentes agentes que estaban causando esta crisis, pero poco se había dicho de la contaminación lumínica como un factor más que provocara impacto sobre la polinización.

A finales del pasado mes de Julio, la Conferencia Sectorial de Medio Ambiente llevó a cabo una modificación en el Catálogo Español de Especies Amenazadas, mediante la cual, 7 nuevas especies de seres vivos pasaban a estar “en situación crítica”. Actualmente son casi 200 las especies de flora y fauna cuyo futuro se encuentra seriamente amenazado. Entre esas nuevas 7 especies existe una planta. Un arbusto del sureste de la Península Ibérica conocido como la Jara de Cartagena (Cistus heterophyllus subsp. carthaginense). Es a esta especie a la que le queremos dedicar la sección #conociendoespecies.

Desde la aparición de la agricultura, millones y millones de plantas han sido transportadas de un lugar a otro (sobre todo sus semillas) para su plantación. El desarrollo agrícola ha permitido que numerosas especies vegetales hayan podido ser cultivadas en diversos lugares del mundo. Este fito-trasiego mundial lleva consigo el movimiento de una serie de acompañantes que no somos capaces de ver, pero que si somos capaces de cuantificar económicamente los daños que causan. En los últimos tiempos hemos empezado a oír hablar del ébola de los olivos, la temida Xylella fastidiosa.

El oro, ese metal por el que el ser humano se desvive, y que ha condicionado la riqueza o pobreza de muchos países. Desde hace mucho tiempo ser buscador de oro era una profesión que si bien podía dar pocos resultados, una piedra pequeña de ese material la hacía rentable. También ha sido motivo de numerosos casos de esclavitud. Tantas y tantas personas que han arriesgado su vida en minas de los cinco continentes. Y también ha sido un motor de creación de empleo allá donde una mina se situaba cerca.

El arbolado urbano que adorna las vías de numerosas ciudades no solo generan un agradable panorama. Científicos de universidades de Brasil e Inglaterra han publicado recientemente en la revista PLOS ONE una investigación titulada “Los árboles en las calles reducen el efecto de la urbanización sobre las aves”.

Un estudio realizado en la región de Bandiagara (centro de Mali) ha concluido que una de las mejores maneras de luchar contra la malaria en esa zona es la eliminación de especies de flora exótica.

A finales de Junio de 2017 se declaró uno de los primeros incendios sonados en la Península Ibérica. Fue en el sur, en la emblemática zona de Doñana. Refugio de linces ibéricos, sostén de una vegetación mediterránea modélica, y área protegida por la exclusiva figura de protección de Parque Nacional.

El pasado miércoles 21 de Junio tuve la suerte de poder colaborar en una preciosa actividad organizada por mi amiga Ana Carrión de meditación en el monte. El encargo era claro pero abierto. Dar una charla a los asistentes donde la botánica fuese la protagonista y diera la bienvenida al solsticio de verano. Todo ello en menos de 20 minutos. Hasta el momento Turismo Botánico había hecho numerosas rutas botánicas por la naturaleza, pero necesitaba sorprender desde un mismo punto, sin moverme, y con mi palabra favorecer la creación de un sentimiento apto para la meditación posterior.

El pasado viernes 16 de Junio, el imponente Ficus de la céntrica plaza de Santo Domingo en la ciudad de Murcia, sufrió la pérdida de una de sus ramas principales suponiendo un peligro para la población que en aquel momento paseaba por la concurrida plaza. Para los que no conocen el Ficus de Santo Domingo, se trata de un ejemplar de Ficus macrophylla. Es una especie nativa de Australia donde habita en los bosques lluviosos típicos de la costa este.  Por lo tanto, es una especie que necesita de unas precipitaciones mucho mayores que las que se dan en la ciudad de Murcia. Por el contrario, posee una alta capacidad adaptativa a condiciones de sequedad.

La flora mundial se enfrenta a diario a numerosas amenazas que comprometen el mantenimiento de las poblaciones. Hoy queremos hablar de un tipo de amenaza que no es tan visible pero que igualmente supone un grave peligro para la flora autóctona. La contaminación genética.